Andrés Mazariegos Vázquez, “Andrés Vázquez” para el toreo del siglo XX, camina a sus ochenta años por esos andurriales ganaderos poniéndose a punto para lidiar los últimos dos toros de su vida vestido de luces. El zamorano, nacido en Villalpando, veló sus primeras armas por las trochas y encinares donde se cría el toro bravo y en las plazas de talanqueras de los pueblos de su provincia. Aquellas capeas de vacas viejas y resabiadas que más de una vida joven e ilusionada se llevaron por delante. Le llamaban “El Nono” y tuvo que pasar mil y una fatigas, desprecios e incomprensiones, hasta que a fuerza de valor, constancia y entrega se convirtió en uno de los consentidos de Las Ventas del Espíritu Santo de Madrid, afición para la que pasará a la historia del toreo como “El brujo de Villalpando”.
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