Hoy es un día especial para Sebastián Castella, en realidad siempre lo es cada vez que hace el paseíllo en Béziers (Francia), su cuna. Y su plaza. Nunca mejor dicho, casi en el sentido literal ya que asume la gestión empresarial, más bien el reto romántico de revitalizar un templo y devolverle la fe a su afición.
De paso por una temporada intensa y con la feria de Béziers en el punto de partida, el torero francés reflexiona sobre esta dualidad entre el torero y el empresario, entre la responsabilidad ejecutiva y la creación artística. Castella encarna esa figura total: la del diestro maduro que busca la profundidad del alma en el ruedo, más allá del premio, y, al mismo tiempo, asume el desafío empresarial de garantizar el futuro de la Fiesta en su tierra natal. Casi nada.
-¿Cómo lleva esa faceta de empresario?
-No te voy a mentir: ser torero y ser empresario son dos facetas que hoy caminan juntas en mi vida. Mi desembarco en Béziers no responde a un mero deseo de gestionar una plaza o cerrar un ciclo, sino a la imperiosa necesidad de construir un proyecto propio. Esto va mucho más allá de si me satisface o no el rol empresarial; se trata de poder plasmar todo lo que uno ha soñado y hacerlo directamente delante del toro o en torno a él.
-Entiendo que en Béziers hay mucho trabajo más allá de organizar una feria.
-Como empresario asumo una responsabilidad económica de envergadura, con el objetivo prioritario de sanear la estructura de la empresa y asegurar la viabilidad futura de este coso. Me debo enteramente a mi plaza y a mi público. La situación actual en el sur de Francia no es sencilla: a diferencia de Andalucía, por ejemplo, aquí influyen condicionantes como los incendios forestales, la incertidumbre económica global y el hecho de que la gente sopesa minuciosamente cada gasto vacacional. Es una feria compleja de articular, pero asumo el reto por la vía del romanticismo: le debo todo a la tauromaquia y esta es mi forma de devolvérselo.
"Mi desembarco en Béziers no responde a un mero deseo de gestionar una plaza o cerrar un ciclo, sino a la imperiosa necesidad de construir un proyecto propio"
-¿Representa Béziers la primera piedra de un proyecto empresarial taurino más ambicioso a mayor escala?
-Eso es algo que solo el tiempo terminará de definir. Mi prioridad absoluta en el presente es Béziers, este proyecto que me llena de pasión y que requiere toda mi atención, al tiempo que mantengo el nivel de exigencia en mi carrera sobre los ruedos. Lo que venga después llegará de forma natural.
-¿Cómo ha sido el proceso de diseño de las combinaciones?
-Me he involucrado al máximo, tanto en lo económico como en la parte puramente taurina para ofrecer una feria de primer nivel. De los cuatro festejos mayores, tres de ellos son combinaciones de máxima categoría que podrían anunciarse en cualquier plaza de primera. Por ejemplo, para cerrar el abono con la corrida de Robert Margé, hemos reunido a tres espadas con un vínculo histórico muy especial tanto con esa divisa como con la afición de Béziers: Christian Parejo, que viene de ser el último gran triunfador; Juan Leal, una firma de rotundidad en esta plaza; y Carlos Olsina, que ya sabe lo que es indultar un toro en este coso.
"Hoy toreo desde un prisma muy distinto: sin la necesidad angustiosa de demostrar quién soy a cada instante. Eso me otorga una enorme libertad"
-Un elemento diferenciador de este año es la consolidación de la corrida zapatista. ¿Qué persigue exactamente con este concepto?
-Buscamos otorgarle al festejo taurino una identidad cultural propia, dotándolo de un aura que trascienda el acontecimiento puramente taurino para conectar con las nuevas generaciones a través de la confluencia entre distintas disciplinas artísticas. Para esta ocasión hemos cuidado cada detalle: contaremos con una escenografía especial a cargo del artista local Revilla, los petos de los caballos irán pintados y los toreros lucirán trajes diseñados exclusivamente para este día a cargo de Domingo Zapata, autor del cartel.
MADUREZ Y POSO
Sebastián Castella atraviesa ese estado de plenitud en el que su toreo deja de ser una batalla contra la urgencia de triunfar para convertirse en un ejercicio de libertad. Un cuarto de siglo después de tomar la alternativa en esta misma plaza de Béziers -su feudo vital y el escenario que hoy gestiona-, el torero francés abre este jueves la tarde y el abono, al que llega en un momento en el que combina la madurez de los años pero la ilusión de aquel niño que quería ser torero. Este año llega con el regusto que le ha dejado Madrid con una de las obras más rotundas e incontestables de toda su trayectoria.
-¿En qué momento artístico se encuentra Sebastián Castella?
-Mantengo intacta la misma ilusión y el sentido de la responsabilidad de mis comienzos, pero hoy toreo desde un prisma muy distinto: sin la necesidad angustiosa de demostrar quién soy a cada instante. Eso te otorga una enorme libertad para interpretar el toreo que llevas dentro de manera mucho más pura. Con los años es inevitable que se vaya perdiendo cierta plenitud física, pero a cambio se gana en poso, en capacidad de expresión y en alma.
-Después de tantos años de alternativa, ¿es necesario que un torero se reinvente?
-El público hace un esfuerzo económico para acudir a la plaza y tiene pleno derecho a exigirte; por eso, para un torero es vital redescubrirse constantemente, evolucionar para que el aficionado siempre encuentre un matiz nuevo en tu tauromaquia.
-Con la perspectiva que da el tiempo, ¿hasta qué punto fue determinante el paréntesis que hizo en su carrera?
-Aquel descanso me vino de forma espectacular. Necesitaba poner distancia para darme cuenta de algo fundamental: que no sé ni puedo vivir sin el toro. Regresé por la necesidad física y espiritual de volver a estar en contacto con un animal tan fascinante. Solo quien se ha puesto delante de un toro bravo comprende la magnitud de lo que allí se siente; es una vivencia efímera, difícil de explicar con palabras, que ocurre en esos diez minutos de faena y que te marca para siempre.
-Madrid volvió a presenciar esta temporada la mejor versión de Sebastián Castella. Yo diría que es una de las grandes faenas de su vida.
-Valorar una faena en Madrid basándose únicamente en los trofeos cortados es reducir el arte del toreo a una mera estadística, y yo no busco que se me recuerde por los números. Mi objetivo como torero es generar emociones profundas y transmitir verdades en el ruedo. Lo que ocurrió esa tarde en Madrid trasciende a las orejas: fue un momento de conexión y entrega que quedará grabado en la memoria de los aficionados mucho más allá de lo que dictamine el balance de una temporada.
-Mucha suerte en Béziers… por partida doble.
-Gracias, hace mucha falta.
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