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Cincuenta y dos pasos para culminar una carrera de ensueño

Cincuenta y dos pasos, ni uno más ni uno menos, los que hay desde la puerta de cuadrillas hasta el pie del palco presidencial, cincuenta y dos pasos para un paseíllo histórico. Serán cortos, despaciosos, paladeados, las puntas de las manoletinas hacia adentro, derecho, pero sin envararse, que ya desde el prefacio de la corrida todo tiene su tempo y su obligada armonía, y el toreo es armonía y templanza o no es toreo bueno. Será el último paseíllo del maestro Ponce tras treinta y cuatro años de matador de alternativa, más de medio siglo de torero si convenimos que nació torero. Se trata del hito que marca la culminación de la carrera torera más longeva de la historia, lo nunca visto si tomamos en cuenta su intensidad: nunca nadie estuvo ese tiempo sin apearse de los puestos cimeros. Será naturalmente en Valencia, no podía ser en otro lugar. Cincuenta y dos pasos y una banda sonora, el “Pan y toros”, que fundirá con la ovación obligada de bienvenida en tan significado adiós.

“Estoy con nervios, pero calmado, digamos que controlado, acudo muy ilusionado”

Viene de encadenar una retahíla de puertas grandes, entre otras, Salamanca, Murcia, Madrid, nada menos, y por último Zaragoza, donde un toro de Juan Pedro combinando con el amor propio del maestro le hizo pensar que no llegaría a Valencia, “pero había que apostar”. En justa recompensa un segundo, un auténtico tren de 600 kilos, le permitió redondear una gran faena que a la postre le permitió abrir la puerta grande de otra plaza de primera categoría. Por todo ello se declara “con nervios pero calmado, digamos que controlado”, como no podía ser de otra forma conociéndole y sobre todo añade, “acudo muy ilusionado”, y bromea cuando se refiere a su espada, la que nunca fue su fuerte, “estoy recetando cada estoconazo tremendo. Yo mismo me digo, pero Enrique esto cómo es”, antes de reiterarse ante Las Provincias sonriendo: “Tranquilo. Te lo prometo, no habrá vuelta atrás”.

En los corrales ya le esperan once toros, de los que finalmente se elegirán tres de Juan Pedro y tres de Garcigrande, que el maestro como quien dice, se sabe de memoria de tanto que los ha observado. “Saldrán seis toros propios de Valencia y de la ocasión. Espero que embistan y disfrutemos todos”.

Agotadas las localidades de sol y preferentes de sombra, apenas quedan billetes en taquilla

No será una tarde de soledad cinematográfica, por mucho que la carrera torera de Enrique daría para el guion de la gran película de toros todavía pendiente. A la hora de cerrar esta crónica, agotadas las localidades de sol y los principales asientos de sombra, crece la expectación y en la taquilla apenas quedan algunos tendidos altos a la espera de los rezagados. Para hoy tiene prevista una recepción en la Generalitat donde le recibirá el presidente Mazón, cita que la víspera del día de la Comunidad Valenciana reconoce la relevancia del maestro, que es poseedor de la alta distinción de la Generalitat Valenciana desde el 9 d’Octubre de 2000, de la medalla de las BBAA, galardón que recientemente ha eliminado por decreto el tal Urtasun, Premio Nacional de Tauromaquia así como la distinción de Valencianos para el Siglo XXI que otorga Las Provincias, entre otras muchas distinciones.

La última silla

Mañana, pocas horas antes de arrancar esos 52 pasos de su último paseíllo en Valencia, el maestro, como es tradición en él, llegará hasta la Basílica de la Virgen para encomendarse a la patrona de los valencianos. En la habitación del hotel estará hecha la silla que es como en el leguaje de los toreros se denomina a la preparación de las galas que lucirá el maestro, la imagen que advierte a los toreros que ha llegado la hora. Las zapatillas, los tirantes, el capote de paseo elegido, en este caso Enrique ha pedido el que lleva bordada la imagen de la Virgen de los Desamparados y el vestido, sobre el asiento la taleguilla y el chaleco, en el respaldo la chaquetilla… se lo han cosido en Madrid hacia donde iba ayer a hacerse la última prueba. Se resiste a darme el color, “ya sabes, cosas de la costumbre, te lo digo pero no lo digas. Tú me hiciste una crónica muy bonita con él. He pensado que tenía que hacerme algo especial y he vuelto a los comienzos”.

Entendido, lo voy a respetar, no quiero romper la intimidad ni ser responsable de una pirueta de la mala suerte en día de tanto gozo como pena para el toreo. Entonces parecía que iba a tomar la primera comunión, mañana lo rememorará con la satisfacción de haber hecho realidad aquellos sueños y muchos más.

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Cincuenta y dos pasos para culminar una carrera de ensueño

José Luis Benlloch

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