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Colombo, primera puerta grande en Lima

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Lima (Perú), domingo 19 de octubre de 2025

El triunfador de la primera corrida de toros de la septuagésima octava edición de la Feria del Señor de los Milagros fue Jesús Enrique Colombo, que tuvo claridad para entender al ganado y darle la lidia adecuada para poder extraer el fondo de bravura que tenían los de San Pedro y Salamanca. Ambas ganaderías mostraron una evolución positiva en los últimos años, que hoy refrendaron con una corrida con edad, peso y trapío, que embistió con fijeza y nobleza, aunque con un punto de mansedumbre que se debe corregir.

Desde el inicio, Colombo comprendió las dificultades de este encierro, en que predominaban los abantos, sueltos y sin clase, a los que había que fijar rápidamente para convencerlos de embestir. Recibió con valor y firmeza las inciertas embestidas de su primero de San Pedro, llevándolo con verónicas hasta los medios. Tras un picotazo, ofreció un gran tercio de banderillas con dos pares citando a los medios y el último al violín, entre ovaciones del público.

Inició la faena de muleta por abajo, con doblones para ahormar al toro y someterlo. Esa fue la clave de la lidia, llevarlo por abajo, dejándole la muleta puesta en la cara para hacerlo repetir y evitar que se fuera. Así, logró concluir tandas a derechas e izquierdas, logrando que el astado rompiera a embestir hasta que terminó rajándose. Con una buena estocada recibió una justa y merecida oreja.

El que cerró plaza, de similar juego, tuvo mayor movilidad, pero menos clase. Tras la vara y el castigo medido, brindó otro gran tercio de banderillas entre fuertes ovaciones, destacando en el par al violín. Planteó la faena de la misma manera que con el primero, iniciando y rematando las series por abajo, pero con la diferencia de que el de Salamanca protestaba y calamocheaba, lo que derivó en enganchones que no dieron fluidez a su labor, impidiendo que la faena alcanzara una estructura sólida. La estocada fue soberbia en los medios, de efectos inmediatos, por lo que se le concedió una oreja que fue pedida por gran parte del público, pero sin lograr mayoría.

Morenito de Aranda firmó los momentos más sublimes de la tarde con el primero de San Pedro, con el que confirmó alternativa.  Un colorado que de salida repetía con codicia al capote del español, que lo recibió por delantales y verónicas. Inició la faena sin forzar al toro, llevándolo a su aire, a media altura en las primeras tandas por el pitón derecho para luego exigirle por abajo. Dejándole la muleta en la cara al final del muletazo, el animal cedió al juego, repitiendo cada vez más. Las series surgieron ligadas citando con la muleta rendida en el suelo y corriendo la mano por abajo, fueron lo más fino de la tarde, con pases sobrados de profundidad, gracia y torería. Tomó el acero en el momento preciso, cuando el toro comenzaba a declinar, para los adornos por alto.  No tocó pelo por fallar con el estoque, reduciendo el premio a una ovación desde el tercio.

El de Aranda no entendió al cuarto de la tarde. Un toro con más raza y clase al que había que torearlo por abajo para hacerlo romper. Morenito de Aranda lo lidió siempre a media altura, pero el animal nunca aceptó ese planteamiento, tampoco cuando lo intentó en cercanías. Pinchó varias veces y escuchó un aviso.

El primero de Alfonso de Lima, con el hierro de Salamanca, fue el peor de la tarde, soso, sin clase ni codicia, ni transmisión. El peruano lo intentó, pero había poca tela para cortar, logrando ligar una serie con la muleta puesta en la cara. Al cuarto de San Pedro había que convencerle para embestir, someterlo por abajo para desengañarlo y poder correrle la mano. No fue por esa vía y entre remates por alto, enganchones, se embarulló, haciendo más complicada la lidia. Mató tras varios intentos.

Lima (Perú), domingo 19 de octubre de 2025. Toros de San Pedro (1°, 3° y 5°) y Salamanca (2°, 4° y 6°), bien presentados, nobles, de juego variado. Morenito de Aranda, que confirmó alternativa, ovación con saludos y silencio; Alfonso de Lima, silencio y silencio; y Jesús Enrique Colombo, oreja y oreja. Entrada: Tres cuartos de plaza.

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Jaime de Rivero

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