En esta ocasión no han proliferado los titulares de los periódicos ni se han abierto tantos telediarios con el retorno del que está sentado a la diestra del Dios Padre. Y es que, como en la famosa fábula, de tanto decir "¡que viene el lobo!" ya nadie se lo cree.
José Tomás ha reaparecido en Aguascalientes y el mundo sigue andando. Nada se sabe de lo que piensa hacer con su cuerpo serrano esta temporada que comienza. Probablemente lo que en otras de las suyas: organizarse tres o cuatro bolos en plazas de buen aforo que le permitan llevárselo crudo y en cantidad, con toros adecuados para el caso y compañeros que no molesten. Esa es su tónica desde que dejó de ser el José Tomás que nos hizo concebir esperanzas de que había llegado a la Fiesta el Mesías esperado, capaz de hacer crujir las cuadernas de este paquebote de placer en que han convertido el toreo entre los ganaderos que edulcoran cada día más a sus toros, los empresarios que lo ven todo del color verde-billete de banco y los toreros que siguen su carrilet sin intención de competir ni consigo mismos.
Decimos que la mayor parte de los toros que salen hoy a la arena de las plazas de toros son dóciles animales que aguantan un puyacito y se desfondan al cuarto muletazo, tanto por falta de fuerzas como de casta, y es cierto, pero... Pero: Y de la casta de los toreros instalados en los noventa o cien mil euros más IVA, ¿qué se dice? ¡Nada! Lamentos de plañideras y a seguir tragando, porque cuando salen dos o tres toreros con un par, dispuestos a jugársela tratando de situarse, primero casi no los ponen en las ferias y si los ponen las campanas repican a ruina porque no va casi nadie a verlos. Aquí el secreto es ir intercalándolos con las figuras consagradas, como se había hecho toda la vida, para que las aprieten y se vean obligadas a luchar por mantener sus puestos de privilegio. Así renacería la competitividad, tan fundamental y necesaria en la Fiesta Brava. Pero a eso no se atreven las empresas porque, ¿y si se les enfadan los caporales de la Fiesta y le declaran el boicot a sus plazas? Esta es la triste y cruda realidad.
Pero a lo que íbamos: en esta ocasión no han proliferado los titulares de los periódicos ni se han abierto tantos telediarios con el retorno del que está sentado a la diestra del Dios Padre. Y es que, como en la famosa fábula, de tanto decir "¡que viene el lobo!" ya nadie se lo cree y la gente sigue a lo suyo y a quien Dios se la dé San Pedro se la bendiga. Y el que la pille para él...
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