Esa es la verdad, y la verdad es la verdad por mucho que los "toristas" quieran disfrazarla o pintarla de colores. "Toristas" que yo cada día estoy más convencido de que lo que les gusta es ver como los toreros se estrellan contra el muro de lo imposible.
No hay más que dos clases de toros: Toros mansos y toros bravos. Lo demás son variaciones sobre ambos temas. Que en una de esas ganaderías que seducen a los que a sí mismos se denominan "toristas" salga de uvas a peras un toro bravo, repetidor y noble, no es más que la demostración de que a cualquier ganadería le puede salir una vaca golfante que abandona por la noche la maná. Los del Conde de la Maza, un hombre entrañable, al cual recuerdo siempre con afecto pues le conocí y como personaje era un crack, han salido como era de esperar. Mansurroneando, agazapados detrás de la mata, mal embistiendo con la cara por arriba, calamocheando y sin viaje por mucho que toreros como Eugenio de Mora, Nazaré y Del Álamo mandaran con la muleta más que Millán Astray.
La oreja de Eugenio ha sido una especie de "milagro de la ciencia", de la sabiduría que atesora en su pertinaz y meritoria ejecutoria profesional el de Mora de Toledo. Porque ni ese primero ni ninguno de sus cinco compañeros fueron toros de triunfo. Esa es la verdad, y la verdad es la verdad por mucho que los "toristas" quieran disfrazarla o pintarla de colores. "Toristas" que yo cada día estoy más convencido de que lo que les gusta es ver como sufren los toreros, estrellándose contra el muro de lo imposible. Viendo sudar y pasar la ducas a los del chispeante, se encuentran ellos en los tendidos tan confortables y satisfechos. Sadismo puro y duro.
Por lo menos las mozas y mozos de las peñas cantan, bailan y se hartan de chistorra y vino tinto si lo que ocurre en el ruedo no les llama la atención. Pero esos plastas de "puristas" que se pasan la vida dando la matraca con su guerra contra lo de Domecq, lo de Atanasio y lo de Núñez, que por ahí va la cosa, que es lo único que embiste y da espectáculo, lo que hacen es joder la marrana, aburrirse y aburrirnos.
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