Lo que no es novedad no extraña. Al menos, no sorprende. Por qué iba a sorprender un mangazo, un desfalco, una prevaricación, un pederasta con o sin sotana o, en la parte del luz de la vida, que la hay, una caricia o una media de Morante. Una media del de La Puebla, por mucha belleza que lleve en sus vuelos, no sorprende, pero emociona, alimenta, provoca. Esa es, cada vez más, la grandeza del artista. Se sabe su capacidad de creación, por tanto, no sorprende, pero nos provoca la reacción del sentimiento. Subido a las tablas de la escena, Morante emociona más que sorprende. Esa es su grandeza inimitable.
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