Ojeando Aplausos de décadas atrás me sorprendo al recordar el número de corridas que se celebraban en los ochenta y noventa. Veo el escalafón que lo encabeza Jesulín de Ubrique con 136 corridas. Hoy, los primeros, a duras penas, llegan a las cuarenta. Atrás quedaron las tardes de El Cordobés, Finito, Aparicio, Chamaco... a los periodistas no nos daba tiempo a cubrir la información, las ferias eran largas, los toreros no paraban de torear, tanto las figuras como los de, con respeto, segunda fila.
Ahora se incrementa el interés en las grandes ferias pero desaparecen los festejos en esos pueblos donde las plazas portátiles formaban parte de cualquier celebración o feria. Ahí podían torear los toreros luchadores que ahora, ante la ausencia de esos festejos, emigran a Perú para, por un puñado de dólares, al menos no dejar de torear.
Se acaba de presentar el cartel de Sanlúcar la Mayor en Sevilla. Corrida que resucitó tras muchos años, hace algunos, el torero local Lama de Góngora. Oliva Soto, Calerito y él mismo componen el cartel. Tres sevillanos con condiciones propias pero sin espacio para torear. Es cierto que estamos en manos de ayuntamientos podemitas de esa izquierda antitaurina, reaccionaria y que pretende ahora hasta prohibir que los niños puedan entrar en los toros. Hay que luchar contra ello en las urnas, para que de una vez por todas las corridas como la anunciada en Sanlúcar la Mayor, es solo un ejemplo, amplíen el calendario taurino y podamos rememorar de verdad ese número de corridas centenarias que ya solo están en nuestra memoria.
Cualquier tiempo pasado fue mejor o al menos distinto.

