Hace décadas, cuando rayos y truenos se traían un pedazo de lo que supuestamente era el infierno, los abuelos mandaban rezar el rosario a los nietos para convocar el amparo de Santa Bárbara. De la que se acordaban cuando tronaba. Los rayos se iban, habían matado dos ovejas, media cabra y algunos árboles se quedaban con el miedo en las escasas ramas de por vida, para la leyenda, pero la conclusión es que “podía haber sido peor” si no es por Santa Bárbara. De eso, algo queda. Las tormentas por supuesto, pero me refiero a acordarse de que existe la santa solo cuando las hay.
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