Categorías: Opinión

Cuerpo a Cuerpo

Los agostos taurinos nos devuelven a los años de esplendor, tiempo de vino y rosas, veranos de no parar, toreros y figuras que en estas calendas ya llevaban el doble de festejos que alcanzan ahora. Más ganaderías en activo y más toros preparados en cada una de ellas. Años en que la Fiesta era como un castillo inexpugnable en todo el país. Por supuesto, en Cataluña, donde Barcelona andaba en números similares a Las Ventas de Madrid, y a veces más: con el dueto de la Monumental y Las Arenas. Ahora una está cerrada y en la otra han hecho un bodrio comercial.

Aquí sale uno de Aragón, de mi Castellón, de Pontevedra, de Jerez o de Salamanca y pone los toros contra la pared. Esos movimientos son los que la Fundación debe tener en cuenta y abortar si se puede o, al menos, recurrir bravamente a los derechos que le corresponden a una Fiesta todavía legal en este país

Nos hemos dormido y nos han ganado demasiado terreno. Era imposible pensar que en Cataluña la Fiesta fuera cero. Era imposible pensar que según el momento unas veces nos quedáramos sin toros en San Sebastián y otras en Vitoria. Era imposible pensar, maldita sea, que hasta en lugares tan arraigados al toro como Aragón, como Castilla, como esa Salamanca que ha parido tantos toreros y tantos toros bravos, esa Andalucía con tantas luces, se llegara a la prohibición, a la duda, a depender del político de turno, a que, en definitiva, la gente no pintara nada en el país que inventó la Fiesta y que logró lo que han heredado otros países. Como Francia, donde sí tiene salud, derechos y respeto a la Fiesta, Portugal, que tiene la base de las ganaderías y ahora brilla “un nuevo Víctor Mendes” que se llama simplemente Juanito. Ese enorme Méjico sembrado de ganaderías de bravo (no siempre, claro), de grandes y apasionados aficionados, de plazas, ferias y una Fiesta consolidada. Como lo está en Perú, como lo estaba en Ecuador y lo jodió, en parte, un político estúpido. Como lo está en Venezuela, donde casi todo anda manga por hombro, en los caprichos de un dictador que tiene arruinado a un gran país y a una buena gente que huye de una tierra rica para poder comer en otro lugar. Como Colombia, mi segunda patria, ferias, ganaderías y afición. Y también dentelladas de los políticos, ese Petro que Dios le guarde, pero bien lejos, rompió la armonía de tanta gente aficionada. Y ese Ecuador: decapitaron Guayaquil, votaron sí o no por departamentos. Y a Quito, la feria de la alegría, le salió no por un puñadito de votos. Y se jodió el invento pese a que hay afición y van a los departamentos donde ganó el sí a la Fiesta.

GANAR LA PARTIDA Y DOBLEGAR A LOS ANTIS SÚPER ORGANIZADOS

Benlloch tiene razón. No hemos sabido defender la Fiesta en momentos y lugares estratégicos y fundamentales. Solo Francia nos sigue marcando el camino. Aquí todavía tenemos una empanada de saber de verdad quién somos y qué derechos tenemos. Por eso la Fundación no puede quedar en fiestas y regalos del callejón o hacer aficionados donde ya los hay. La Fundación debe ser un elemento de choque. Y ver cómo políticamente se combate esto y menos corbatas y menos callejones y directo al grano. Como en Francia. Ganar la partida. Doblegar a los antis súper organizados, disolver a los manifestantes o largarlos a distancia (en el país vecino lo han hecho), cobrarles las multas y estar atentos para contraatacar. En Francia no medran. Aquí, sí. Aquí te sale uno de Aragón, de mi Castellón, de Pontevedra, de Jerez de la Frontera o de Salamanca y te pone los toros contra la pared. Todos esos centenares de movimientos son los que la Fundación debe tener en cuenta y estar atenta y abortarlos si se puede o, al menos, recurrir bravamente a los derechos que le corresponden a una Fiesta todavía, totalmente, legal en este país. Ese es el camino. Y la defensa del futuro. Luego todo lo demás: cuidar a los niños, facilitar a los jóvenes y llevar a los importantes o a los amiguetes al callejón o charletas de mucha corbata. Esa es su obligación: cuidar la espalda y el futuro de la Fiesta y sanar las heridas allí donde se desangra políticamente. Por eso me pareció urgente y perfecto el artículo de mi compañero José Luis Benlloch. A partir de todo esto: el enfoque del futuro es más necesario. Trabajo duro, sí, es el único camino que no lleva al averno antitaurino, que está ahí, no te equivoques, detrás de esa cortina. Y no es de humo.

ESTA BATALLA SE GANA CON MÁS ACCIÓN, HEMOS DE DAR LA CARA

Y duele porque en pocos días hay datos ilusionantes en la Fiesta. Ese Emilio de Justo, que pasa del olvido al primer plano, ese David de Miranda, un montón de meses sin poder moverse y llega a Huelva y toca la gloria, ese Perera, que está haciendo su mejor temporada, sí señor, ese Portugal, que está cociendo en España a un nuevo Víctor Mendes llamado Juanito. Ojo. ¿Quién hablaba de Andrés Romero o de Daniel Crespo, el gaditano, que da gusto verlo? Pablo Mora reina en las nocturnas de Madrid. Y esto no para. Arriba están Roca Rey, Juli y Ponce como si fueran Maradona, Ronaldo y Messi. Ese Abellán, cosido a cornadas y cargado de medallas, ese Ventura del rabo en Madrid, y ese maestro llamado Pablo Hermoso que encima le sale un hijo, Guillermo, que honra al padre y al que inventó el toreo a caballo. Nos estamos perdiendo ese cartelazo. Arriba hay quince que mandan en el escalafón por derecho propio; pero piden sitio ese Álvaro Lorenzo, otra vez la muleta de Castilla, Pepe Moral, Octavio Chacón, rescatado en Madrid, Javier Cortés, la última adivinanza de un sabio llamado Chenel. Ureña, calidad. Román, nervio y hambre. Talavante, rey en el exilio. Los que nunca quieren irse: Liria, Jesulín y los que vendrán. Los maltratados sin razón. Javier Castaño y Sánchez Vara. Ese Urdiales, que florece a finales de verano en ese otoño como la uva de su tierra. Filiberto, joven, Pinar, hecho, Fortes, fuerte, Rafaelillo, mis respetos, Colombo, olvidado, David Mora, maltratado, Eugenio de Mora, Lamelas, Robleño, Bolívar, profesionales a tener en cuenta. Y tantos que ya no caben en la página.

Hay que defender esta Fiesta, la de la honradez, la del toro de verdad y el torero entregado. Y esta batalla se gana con mucha más acción. Cuerpo a cuerpo. Benlloch lo ha dicho: “El silencio es la muerte”. Y todos hemos de dar la cara.

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Manolo Molés

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