Daniel Luque se muestra ante la Feria de Julio especialmente esperanzado, con moral suelen decir los toreros, y lo explica. "Arrancan mis meses de la suerte. A partir de julio comienzan a embestirme los toros. Me caliento tarde", y sitúa a Mont de Marsan y Valencia como sus plazas lanzaderas: "A partir de ese momento, desde ya, no se me escapa ninguna feria", y responsabiliza del subidón artístico a la mente. "La mente que es muy poderosa, ella tiene la culpa", insiste antes de proclamar su amor (agradecimiento) por Valencia. "Significa mucho para mí. Le debo mucho a esta afición desde los primeros años".
Y recuerda las dos tardes con los toros de Victorino como especialmente trascendentes y otra, la última, con los juampedro. "El capote lacio, las muñecas sueltas al mando, la cintura a compás… y sin solución de continuidad el abrazo de la media y el adiós de la revolera", escribí ese día en Las Provincias. Y cuando le pregunto, yo creo que sí, si es uno de los mejores con el capote sino el mejor, responde rápido: "Dilo tú, que si lo digo yo…", pues dicho está.
Daniel Luque, un ilustre y joven veterano, es uno de los tapados de la feria. El sevillano ya sabe lo que es triunfar en Valencia, lo logró en sus primeros años de alternativa y lo hizo de matador cuajado. Rebelde en sus posicionamientos públicos y privados; castigado por el sistema que él nunca manejó con tino; marginado de los carteles estelares en la mayoría de las plazas pese a sus méritos, vaya usted a saber por qué, si por la incomodidad artística que genera en el ruedo su carácter competitivo (molesto para las estrellas) o si como dice la leyenda por ese mismo carácter en los ambientes más lúdicos.
"En julio arrancan mis meses de la suerte. ¿Motivos?... no sé. La mente manda mucho"
Sevillano, de Gerena, Luque fue rescatado en sus momentos bajos por la afición francesa y ahí sigue, en las alturas. Se trata de uno de los mejores capoteros del momento como queda dicho; es poseedor de una depurada técnica que en ocasiones puede llegar a difuminar el auténtico mérito de sus faenas; tiene en sus muñecas de privilegio el arma que da valor a los toreros buenos, otros tienen la confianza puesta en las piernas y no es lo mismo; cuenta además con un perfecto dominio de la geometría, que no es otra cosa que la colocación ante el toro, las distancias y la altura de los engaños además de una intuición que hace definitivamente bueno todo lo anterior. Luque le suma a todo ello un arma de doble filo, el carácter, el tipo es bravo. Consecuencia de todo ello es que está anunciado en Valencia con poco ruido y gran esperanza de los aficionados. A estas alturas de esta su disección artística sería innecesario reconocerles que a mí me gusta.
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