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Valencia. Viernes 13 de marzo de 2026
La Quinta puso el listón muy alto las pasadas Fallas con la corrida más completa de la temporada en esta plaza. La de este año estuvo lejos de aquella. Hubo seriedad en el conjunto, una corrida que imponía, pero faltó la bravura. El cartel había generado interés -se vio en el ambiente que rozó los tres cuartos de plaza- por el recuerdo de la corrida de hace un año y por una terna de toreros ya maduros pero con mucho que decir. De todos ellos, debutaba David de Miranda, revelación en 2025 y que hacía su debut en esta plaza de la mano de su flamante apoderado e ídolo de esta tierra: Enrique Ponce. El nuevo acabó llevándose -mejor, rescatando- la tarde.
Y lo hizo frente al sexto, in extremis, que tuvo una embestida pastueña y humilló como no lo había hecho ningún otro en dos primeras series sobre la mano derecha que lanzaron la faena. Ahí ya se vio a David de Miranda despierto y lúcido, también templado para ligar y armar una faena pulcra, perfecta técnicamente porque no hubo enganchón alguno, y exacta. Una faena que en el fondo llevó el sello de su apoderado en cuanto a aprovechar y exprimir al toro, de tener esa virtud de cuajar a un toro de esos llamados medios con el que se marcan diferencias. Con la entrega del toro a menos, pulseó con la mano izquierda, a pies juntos y la figura erguida la embestida. Las manoletinas finales, apretadas, y una gran estocada pusieron la oreja en sus manos en la tarde de su debut en Valencia. A su primero, muy flojo, vio cómo tras el primer puyazo le echaron los cabestros. Estaba muy al límite y el sobrero no gustó. Ni por fuera ni por dentro. De sosa embestida, pasaba sin más.
Los escasos puntos de interés de la corrida los acabaron dando dos de los tres toros cinqueños del envío, como esa nobleza reseñada del sexto o la exigencia de un primero frente al que Fortes hizo un sordo esfuerzo. Al toro de la apertura de la función no le hizo falta ni un quilo más que los 500 exactos que marcó en la báscula para imponer como lo hacía. La atención -y tensión- se mantuvo durante toda la faena porque a más de su trapío, se unió su encastado comportamiento. La mirada viva y ese medir y marcar al torero en cada embestida que iba por el palillo de la muleta. La cara por las nubes desde banderillas y hasta que dobló. Fortes hizo fácil lo que no era. Hubo firmeza, mucha, en el malagueño y también esa receta de pronto y en la mano, la muleta siempre puesta, para no hacer pensar de más al toro. Dejó una estocada caída, se atascó con el descabello y lo levantó el puntillero. Duro el toro hasta para morir.
El acapachado y bonito cuarto estuvo a un tris de emprender camino de los chiqueros. Muy mermado, encendió las protestas del público y más que se encendieron cuando la presidencia lo aguantó sobre el ruedo. La buena condición que traía el toro no valió porque no había poder ni fuerzas que la sustentaran. Fortes, que brindó a Enrique Ponce, abrevió con buen criterio.
El otro cinqueño fue el segundo, aplaudido de salida como casi toda la corrida. Román le endilgó un templado ramillete de verónicas. Como virtud mayor tuvo el toro la movilidad pero no la entrega. Lo lució generoso el valenciano en la larga distancia y en tres series cortas en las que parecía poder romper una faena que luego no lo hizo. Con el toro más cerrado y sin inercia, ya no fue lo mismo. No se empleó el de La Quinta y no hubo entendimiento entre toro y torero.
Al quinto, el más alto de los seis, se le hizo todo a favor en una lidia medida. El toro careció de celo, se dejó hacer, como suele decirse, y Román utilizó el recurso de la voz para encelarlo desde la primera tanda y durante toda la faena. La disposición del valenciano, como sus ganas de agradar a sus paisanos, se estrelló contra la falta de raza. Apuntó el toro virtudes pero se quedó sin gas.
Valencia. Viernes 13 de marzo de 2026. Toros de La Quinta (3º bis), muy bien presentados a excepción del sobrero, corrida falta de entrega. Bondadoso el sexto. Fortes, silencio tras aviso y silencio; Román, ovación con saludos y silencio tras aviso; y David de Miranda, silencio y oreja. Entrada: 6.507 espectadores. Saludaron tras banderillear al segundo Gómez Escorial y Fernando Sánchez, éste repitió en el quinto junto a César Fernández.
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