La memoria es el único país del que jamás puedes ser expulsado. Hay quien se destierra de forma voluntaria, pero incluso quemando el pasaporte uno no puede renegar de esa nacionalidad. Memoria. Tenerla significa ser coherente. No perderla ayuda a ser justo. Una de las cosas más frágiles del toreo es su memoria. No me refiero a los datos de la enciclopedia, sino al recuerdo sobre los hombres, los que están, los que ya no están. Recordar los orígenes de cada uno, tener memoria para quien ayudó, recordar a quien lo intentó.
Hay tanta mirada hacia adelante en el toreo, tanta urgencia de acciones y decisiones personales, tanto interés que salvar y proteger, tanta velocidad, que no hay tiempo para la memoria. Cada 15 de agosto, alrededor de esa fecha en la que todos los que son toreros torean, algunos no van a poder estar. Unos porque ni siquiera tienen contrato para esa fechas. Otros porque los paró un toro. Un día un toro les arrancó, al mismo tiempo, la femoral junto a todas las hojas del calendario. Tiene ese azar tenebroso el toreo: el poder oscuro de arrancar de cuajo todos los días del año. Y en estos días, la memoria me lleva a David Mora.
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