El matador de toros Eduardo Dávila Miura está viviendo muy de cerca la tragedia de la familia Núñez. Vecino de Luis hijo e íntimo amigo del fallecido, recibe la llamada de Aplausos camino del tanatorio donde reposan ya los restos del ganadero de Los Derramaderos y su vástago. "Estoy muy afectado. Luisón -así llamaba cariñosamente Eduardo a Luis- deja una viuda y una niña de apenas dos años y era una persona extraordinaria, de las que de verdad merece la pena conocer. Uno no entiende cómo el destino puede cebarse de esta manera con la buena gente, esta familia no se lo merece".
Eduardo comenta que todo ha llegado cuando Luis padre e hijo estaban levantando cabeza tras la pérdida de Carlos en noviembre tras una larga enfermedad. "Estaban sembrando estos días el arroz e iban y venían todos los días de Sevilla a la finca de Barbate. Fíjate que aún no se habían hecho el ánimo de quedarse a dormir allí en la casa... El accidente ha debido de ser tremendo, la carretera aún presenta restos del mismo. Da la casualidad de que llevaban mucho tiempo sin tentar y por el trato que tenía con ellos el otros día me llamaron para que fuera con Rafaelillo y Pinar, que querían encerrarles unas vacas".
Dávila Miura quiere además volver a incidir en la calidad humana de una familia que "nunca ha pedido un favor a nadie cuando ellos lo han dado todo por los toreros, de las personas más generosas que he conocido. Luis padre era consciente de que la ganadería no atravesaba su mejor momento pero prefería luchar calladamente por ella que pedir ni un solo favor".
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