La pincelada del director

De Aguascalientes a Madrid, dos mundos

José Luis Benlloch
domingo 03 de mayo de 2015

Los ojos del toreo andaban puestos el fin de semana en Aguascalientes. Con razón. Reaparecía José Tomás, con su currículo que no se puede olvidar, con su halo de misterio, su leyenda y su magnetismo, además de ese chorreón de morbo que da el volver al lugar de donde estuvo a punto de no volver si me permiten el juego de palabras. Pero también estos días nos ganaban la mano del interés informativo en Mérida, en San Luis Potosí, en Tlaxcala, en Puebla, en Monterrey, en Querétaro… Quién lo iba a decir, ni siquiera a pensar, que en vísperas de San Isidro un grupo de primeros espadas del escalafón, no sólo José Tomás que vive del otro lado de los cielos, también Ponce, Juli, Talavante, Morante, Pablo Hermoso… incluso algún joven de los que después se quejan que no han tenido tiempo de adaptarse al toro español, le robasen protagonismo y concentración a Las Ventas con todo lo que significa y todo lo que exige Las Ventas. Los tiempos cambian que es una barbaridad. Es evidente. Y no se trata de desmerecer a Aguascalientes ni al resto de las plazas, quite usted, al contrario, su apuesta a la mayor que les ha situado de pronto en el mapa taurino merece reconocimiento y denota vitalidad, hasta provoca envidia, basta con ver sus llenos y su ambiente que viene a redimir al país azteca de esa imagen tristona y desolada que nos llegaba últimamente con las retransmisiones desde el DF. Simplemente quería poner sobre el tapete un hecho infrecuente hasta ahora y que cada cual se haga su opinión. La mejor lectura de todo ello es que la Fiesta, que sufre y se constriñe en un lado del charco, se anima y se expande en el otro. Eso sí, con modelos muy distintos y seguramente poco o nada intercambiables.

Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1962

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