20 de julio de 2010

De El Puerto a Santander

Juan del Álamo
Juan del Álamo
lunes 26 de julio de 2010

El domingo toreé en El Puerto y el viernes voy a Santander, pero esta semana la estoy pasando en Salamanca, en el campo, centrado y tirándome mil y una veces al carretón. A ver si mejoro de una vez con la espada…

El domingo toreé en El Puerto y el viernes voy a Santander, pero esta semana la estoy pasando en Salamanca, en el campo, centrado y tirándome mil y una veces al carretón. A ver si mejoro de una vez con la espada. En El Puerto me sentí mejor con ella, pero entró las dos veces al segundo viaje. Ahora me falta cazarlos a la primera. Esta vez, en vez de tener que correr detrás de los novillos como el día de mi presentación en El Puerto como novillero sin picadores, tuve que tirar mucho de ellos puesto que la novillada, aunque noble, sacó poquita raza y justas fuerzas. Evidentemente, así cuesta el doble llamar la atención de la gente. El público no le da importancia a lo que pasa ahí abajo, y si encima los pincho…

Los viajes en la furgoneta son duros, no os voy a engañar, pero hay que acostumbrarse. Ojalá cada día haga más kilómetros en la carretera, eso sería buena señal. Yo siempre llevo conmigo una almohada de esas hinchables que se ajustan al cuello y que evitan que mi cabeza vaya de lado a lado. Llegué a casa a las cinco y media de la mañana. Lo bueno es que cuando estoy cansado me duermo con mucha facilidad, sea donde sea…

El tentadero de machos que os comentaba el otro día en casa de Guillermo fue estupendamente. Tentamos dos novillos, los quemamos directamente y los dos salieron sensacionales. Sólo aprobamos uno porque el otro se rajó al final, pero mientras embistieron lo hicieron siempre con mucha calidad, muy por abajo y yendo largo. El que se quedó para semental tuvo un puntito más de raza y los dos tenían unas hechuras y unas caras sensacionales para padrear. El ganado está refrescado con sangre de Jandilla. Y con esa procedencia era difícil que salieran malos los novillos… También toreé dos vacas que se dejaron mucho ese mismo día por la tarde en la ganadería de Miranda de Pericalvo.

Ahora os dejo, que voy a seguir entrenando y tirándome al carro. En Santander tengo que triunfar como sea y no puedo volver a permitir, como sucedió el año pasado, que se me escape la puerta grande por fallar con la espada. ¡Esta vez lo arreglo seguro!

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