La pasada semana me dediqué en parte a ver novilladas en las que pude comprobar que hay un manojo de incipientes toreros con especiales condiciones que permiten adivinar que la constante renovación de las primeras filas del toreo está garantizada. Es esto del toreo algo tan incardinado en el alma de los españoles que es difícil, casi imposible, que la rueda de la tauromaquia deje de rodar como un tornillo sin fin. Me han impresionado favorablemente en especial cuatro nombres: José Fernando Molina, Polope, Carlos Aranda y Peñaranda.
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