Este año Sevilla y Madrid casi se dan la mano. Tres días las separan. Y treinta y dos más para San Isidro y luego, respiras y te espera la Beneficencia (nunca nos pusimos de acuerdo si deberían torearla los triunfadores de San Isidro o mejor hacer, confeccionar, el cartel de antemano). Para mí era más emocionante lo primero porque cabe la sorpresa y, a veces, gorda. El problema está luego: el ganador, o no quiere repetir por si acaso o pide una pasta descomunal muy por encima de lo que cobró en la feria. Al final para la empresa es más llano el camino de anunciar de antemano con todo pactado.
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