Las cosas hay que reconocerlas y además pregonarlas. A Simón Casas Production la feria fallera le ha salido de lujo. Y punto. Eso quiere decir que el chef franco-español cocinó un ciclo casi a la perfección. Y me explico. Lo primero que yo le agradezco como aficionado es que colocara en la feria, sabiendo que es un asunto deficitario, a tres novilladas. Oportunidad para ocho chavales ya que uno, de la casa, y con razón, llamado Román, repetía paseíllo.
Pero no solo dio tres novilladas sino que las cuidó. Y eso vale. No es lo mismo poner a chavales con futuro pero tiernos con una del tío picardías que con ganado que más que entorpecer ayuda. Ojalá que en mi Castellón del alma, donde la nueva empresa ha colocado a regañadientes una novillada, en la que hay toreros tan nuevos y tan ilusionantes como el local Varea, los ejemplares de Prieto de la Cal no salgan tan infumables como en Valdemorillo, que sirvieron más para enterrar que para lanzar.
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