He recibido la carta de un lector, cuyo estilo da pie para colegir que es un buen aficionado. Aborda los problemas de la Fiesta de modo constructivo. No convierte la comunicación epistolar en muro de lamentaciones, plataforma de insulto ni en la fascistoide caza del periodista, culpable de todos los males que aquejan al toreo e incluso a los demás aspectos de la vida del país. Por el contrario, no tiene inconveniente en reconocer coincidencias ni en compartir ideas, como tampoco le duelen prendas para decirle al destinatario -quien esto firma en este caso- que no está de acuerdo con algo de lo que ha escrito y publicado. Todo lo cual le avala como interlocutor. Ya que, aunque no pone remite a su carta, su actitud merece respeto. En estos tiempos de portales de Internet y blogs en los que se puede dar salida a la cobardía y la mala leche desde el anonimato más ruin, sin correr riesgo alguno, actitudes como la de mi comunicante son dignas de la mayor valoración.
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