Esa ordenación de la lidia es la que no tenemos. Lo que en el ruedo es una armonía casi perfecta de hombres dentro de un espacio y con un fin, es lo que le falta a este espectáculo: estructura, orden, regulación. Un déficit histórico. Lo único que no ha evolucionado en el toreo es eso, su orden estructural, sus organismos. Están en la época de antes del peto. Y este es uno de los problemas elementales, esa falta de organización capaz de dar una respuesta casi colegiada ante los problemas. Las relaciones taurinas se basan en una especie de recelo o cainismo entre sus partes. Al final, uno contrata, el otro quiere ser contratado, uno cría toros, el toro tiene una venta a conseguir, el matador tiene sus metas y una cuadrilla, la cuadrilla unas metas laborales distintas... Y no hay ningún organismo de consenso que sea capaz de coser los mínimos comunes a todas esas partes. Por eso somos débiles.
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