BENLLOCH EN LAS PROVINCIAS
Foto: Antonio ViguerasFoto: Antonio Vigueras

Demasiado almíbar, demasiada bondad…

José Luis Benlloch
lunes 09 de marzo de 2026
Emiliano, Vilau y Polope, muy por encima de los novillos, hicieron el toreo con registros de cante bueno; la falta de raza de los novillos acabó condicionando una tarde que tuvo pasajes de categoría

Los toreros por encima de los toros. Ese fue el desenlace de la novillada que abría el ciclo de festejos mayores. Demasiada superioridad. Tanta que la tarde transcurrió con una falta de emoción frustrante. Veías aparecer uno tras otro los novillos de Guadajira, novillos que parecían toros, gordos, bien armados, de armónicas hechuras, lo que se dice seis dijes, embestían francos y enclasados de salida y naturalmente te las prometías felices, supongo que los toreros más todavía, pero una vez pasado el trámite de los piqueros adiós muy buenas, vayan ustedes con Dios o mejor con el diablo, se paraban, se mostraban obedientes, eso sí, pero desganados, en las antípodas de lo que debe ser un toro bravo y así, crear emoción es pura quimera. En esa tesitura puedes celebrar las formas de los chicos, su decisión, ayer mismo, los tres, cada uno por un palo, mostraron maneras de torero importante, pero la continuidad que da argumento a las faenas, la emoción que debe acompañar al buen toreo, de eso ni rastro.

Cualquier intento de los novilleros equivalía a palmar en un mar de almíbar ante la transmutación de un toro en un amigo pesado. Algo así como un pase usted, que no paso, pase usted y para cuando decidían pasar la emoción era pura quimera. Un imposible. Y fue una pena por todos, empezando para el propio ganadero que debutaba en Valencia y se había esmerado en la presentación y buena crianza, siguiendo por los chicos que tantas expectativas e ilusiones habían depositado en su presentación en feria tan relevante como Fallas y siguiendo por el público, aunque bien podríamos ponerle, al público digo, por delante, que después de la abstinencia invernal, en este caso invernal y veraniega, acudió a la plaza con la ilusión desbordada. Pero ya saben el hombre propone y el toro lo descompone. Sin mala intención, al contrario, sus embestidas fueron un derroche de bondad, mantecado puro en el que ahogaba cualquier atisbo de emoción.

Los chicos bien, en realidad hicieron cuanto se podía y lo hicieron con torería y estilo. Cada cual con el suyo. Los tres, Emiliano, Vilau y Polope, firmaron momentos de categoría, a los tres como queda dicho les faltó toro y sin triunfar se fueron de la plaza con el crédito intacto. Emiliano recetó dos estocadas de las que en otro tiempo valían contratos. En los dos entró sin aspavientos, despacioso y en la rectitud que exige la suerte. El resultado fueron dos soberbios volapiés. Antes había toreado sobre la mano derecha en los dos toros, la izquierda se quedó inédita, con reunión y ajuste, muy hondo y muy templado, con sabor de torero importante, eso sí, hay que insistir sin la continuidad que se necesita para cuajar la salsa, la que le negó la pasividad renuente de los dos oponentes. De Méjico no han venido toreros de más calidad que este Emiliano al que hay que seguir.

Mario Vilau adelantaba en sus declaraciones que no iba a dejarse nada atrás y cumplió la palabra dada. Se fue a la puerta de chiqueros en los dos de su lote y en el sobrero como muestra de su disposición. Le hizo a su primero un elegante toreo de capa con las rodillas flexionadas que rompían la monotonía al uso de los recibos capoteros. Y si bien le puso rabia novilleril en el arranque de faena con las dos rodillas en tierra, seguidamente, cuando el oponente ya daba muestras de entreguismo, le pulseó la embestida con la zurda con aires de torero caro sin que ello supusiese renuncia a los alardes novilleriles. El catalán tiene la moneda, ese algo que debe tener cualquier artista si quiere pervivir y medrar en el mundo del espectáculo que en Valencia le permitió conectar con el público. Pinchó su obra y se quedó sin trofeo, nada que empañe su actuación. En los mismos registros se mostró en el sobrero quinto al que le volvió a aplicar templanza en el toreo al natural que no es poca cosa, en realidad le sacó lo que tenía.

El valenciano Polope es torero y lo parece. Diría que tiene lo que no se aprende. La hechura de torero bueno, el concepto, la gestualidad, la pausa y por lo visto ayer el valor necesario. Su futuro será el que Dios quiera, pero entendiendo que Dios es buen aficionado, no podría ser de otra forma, este Polope es torero en la línea de lo que siempre se dijo que era la escuela valenciana. Toreó asentado a los dos, despacioso, vertical, que el toreo bueno, ya se sabe, vive en las antípodas del retorcimiento, les dio el tiempo necesario a los novillos, en realidad toreó, sobre todo al sexto, toreó sin torear, con la gestualidad que define a los buenos toreros. Su arranque de faena a ese fue una delicatessen del bien torear. Dio una vuelta al ruedo de ley.

Síguenos

ÚLTIMAS NOTICIAS

Cargando
Cargando
Cargando
Cargando
Cargando
Cargando
Cargando
Cargando