Nimes hay que vivirlo con los cinco sentidos puestos en Madrid. Eso a riesgo de quedarte a la luna de la actualidad como sucedió tantas veces. Porque siendo cierto que el toreo es más que Madrid, menos mal, sin Madrid no hay paraíso. Nimes es hermoso y diferente, un estímulo al bien hacer, el fruto de la imaginación, pero Madrid es definitivo, el que corona. Por eso mismo no hay ambiente ni fiesta ni singularidad que pueda disimular el efecto San Isidro. Escribo desde el hotel Atria, enfrente del monumental Coliseo romano. Si Nimes ¿o era París?... vale una misa, Madrid vale títulos como dicen los todopoderosos futboleros tan de moda estos días -que lloren los buenos madridistas- o una vuelta a España que decían los aficionados, decían porque los de ahora dicen muchas cosas extrañas. O dos vueltas, todo depende/dependía de cómo de auténtico hubiese sido el éxito. En síntesis, Madrid te ponía/te pone en los titulares y hasta en la historia, por eso mismo, un triunfo en Madrid por muy bronco que se muestre, puede llegar a valer un potosí que decía mi abuela como símbolo de la riqueza y la gloria, o un Perú, que viene a ser lo mismo.
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Desde Nimes… mirando a Madrid
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