Es verdad. Tú miras los carteles de Madrid y ves más gris que luces de colores. Es verdad que sería fantástico que estuvieran otra tarde más Morante, Manzanares y Talavante, que es el triángulo de los amores madrileños de Las Ventas. Sería fantástico que estuviera uno que no está y que la única guerra que ha dado la dio en el ruedo. Escribo de Juan Mora. La máxima solera de la vinoteca torera. Juan “el breve” y “el intenso”, que con catorce muletazos, catorce, puso Las Ventas boca abajo, al borde del orgasmo taurino. Tenía razón Chenel. Las grandes faenas no son “lo que el viento se llevó” o sea de largo metraje. Las faenas inolvidables son quince, al máximo veinte latidos apasionados de tu corazón de aficionado. Lo demás suele ser reiteración o un milagro poco común. Y Juan Mora no está. Cierto que pedía dos de las del “gourmet” bovino y ahí no entra nadie como no pertenezca a la realeza del momento. Pero al aficionado le duele.
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