La corrida del primer domingo de septiembre se llamaba en Bayona la “corrida de clausura”. Clausura de temporada en la Francia Sudoeste. “La corrida”, porque era una sola. Se supone que el detalle de cerrar temporada implicaba un privilegio. Privilegio similar al de inaugurar el curso, que, sin contar festejos menores, también se abría en Bayona el sábado de Pascua. Casi siempre con toros de Santa Coloma.
La clausura de Bayona dejó de ser tal hace un cuarto de siglo. Dos corridas y no una sola en la fecha convenida, que, azares certeros del calendario, suele coincidir con un luminoso, templado y cálido anticiclón. Las playas se llenan. Sin viento, desesperan los surfistas. Se puede ir por la mañana a la playa -Biarritz, Anglet- y, por la tarde a los toros, a la colina de la Malledaille, donde se alza la centenaria plaza de Lachepaillet, un teatro anglomorisco con acento vasco mayor.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1929
Acceda a la versión completa del contenido
Dos días en Bayona
Samuel Navalón fue prendido a la altura de la pierna por el sexto toro, que…
La vigesimotercera de San Isidro, en el objetivo de Javier Arroyo y el vídeo de…
El salmantino fue severamente volteado a la verónica en una fea cogida en la que…
La esperada cita del Corpus maestrante, con cambios en los toros
Tres orejas para el salmantino en tarde contundente y dos para Rejas. Ambos salieron en…
La Plaza de Toros de Las Ventas acogió el pasado viernes el inédito estreno en…