Ahora sí se acabó la Feria de Madrid. La única en la que es posible retratarte en tres meses distintos del año. Ni los del fútbol son capaces. Así que debe valorarse como un lujo o una conquista del toreo. Eso tiene especial mérito en las condiciones adversas en que sucede y con los muchos frentes abiertos con los que convivimos. Lo del sábado si no era feria lo parecía. Aquel sector encabronado, el presidente empecinado, el reglamento por montera, el gallinero abierto a cualquier desmadre, los anti enfrente, partidos de la risa comprobando ese instinto canibalista que nos acompaña, el cartel de afición cabal perdido en el desván de la nostalgia, Juli crucificado en el madero de los prejuicios o en el prejuicio de… Madrid, Madrid, Madrid. ¿Rigor, dice usted?... al rigor mortis es a donde nos llevan. Duele Madrid. Eso. Pero… aun así estoy esperando que empiece de nuevo, ya la echo de menos.
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Duele Madrid… pero ya la echo de menos
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