No sé muy bien la razón, pero existe una quiebra entre la plaza y el encierro. Algo que no existe de forma individual, sino como causa y efecto, se vive, se expresa y hasta se verbaliza en lenguajes distintos, como deseando separar el encierro de la corrida de toros. Entre los corredores, en gran número, percibo un desapego hacia el toreo, a lo que sucede intramuros cada tarde, con más de 20.000 personas presenciando en directo la corrida. Es más, hay una especie de elitismo entre los corredores, que tratan de buscar un elemento diferenciador superior basado en el desapego y hasta en el desafecto hacia la corrida de toros. Para esta élite, el corredor “puro” ha de ser un alejado del ruedo.
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