Hace justo cuarenta años, en la tercera corrida de toros de la Feria de San Fermín, Luis Francisco Esplá cuajó una de sus faenas más importantes en la plaza de toros de Pamplona al cortar las dos orejas y el rabo a un bravo toro de José Luis Osborne. Sucedió en el quinto de la tarde, tal y como contó en su día nuestro corresponsal Martín en Aplausos.
"Esplá lució a gran altura, sacando a relucir todo su largo repertorio, instrumentando suertes antiguas que merecían grandes ovaciones y en definitiva poniendo la plaza boca abajo. A la hora de matar también lo hizo de forma especial. Se alejó mucho y de larga distancia citó a recibir, pinchando en la primera ocasión y colocando en la segunda una media estocada que hizo innecesaria la puntilla. El premio fueron las dos orejas y el rabo, y cuando terminó la corrida los mozos de Pamplona lo sacaron en hombros". Su primero fue el único del encierro que no sirvió, pero como el alicantino había armado el alboroto en banderillas y puso mucha voluntad en el último tercio, saludó desde el tercio.
En el libro "Repóquer", de José Carlos Arévalo y José Antonio del Moral, se relata la magnífica faena al quinto: "Luis Francisco Esplá hace un extraordinario quite por faroles al bravísimo toro. Pinturero, lo recorta con el capote al brazo y cambian el tercio. Todo lo hace el torero en el primer par de banderillas; carreras, salto y desplante en el segundo. Un mulillero, entusiasmado, le arroja una boina. La recoge el diestro y, cuidadosamente, la deja posar. El toro está en tablas, la boina en las rayas y Esplá, más abierto en el tercio. Luis Francisco y el toro arrancan al unísono; la reunión se produce, precisa, justamente donde está la boina. Esplá es un geómetra. Y la plaza enloquece, porque la trepidante lidia que ha impuesto el de Alicante tiene mucho que ver con el alarde veloz de los corredores del encierro. Esplá se siente mozo y los mozos se sienten toreros. No les va a importar que Luis Francisco no esté con la muleta a la altura del toro. De eso no saben. Pero la estocada, citando a recibir desde muy lejos sí les conmueve, pues vuelve el toro a correr, y corriendo, se clava el estoque, en otro alarde de aguante, que esta vez se convierte en arma de puntería milimétrica".
Manzanares estuvo entonado y fácil en su primero, pero sin apretar el acelerador a fondo. Con el cuarto, "salió dispuesto a no dejarse ganar la pelea, se colocó en el sitio y ligó series con ambas manos, largas y templadas, con el temple y elegancia que este torero imprime en sus faenas. Terminó con el astado de un pinchazo hondo, y le fue concedida una oreja".
En cuanto a Espartaco, se mostró valiente toda la tarde, justificando en Pamplona el gran momento que atraviesa. En su primero, "comenzó de rodillas en el centro del ruedo, para continuar de pie en series con ambas manos que llegaron a los espectadores. Al matar al segundo intento, se le concedió una sola oreja". Al sexto le realizó una "magnífica faena suave, templada, relajada y con gusto, en la que mezcló adornos de pie y de rodillas".
Lleno en la tercera corrida de abono de San Fermín en Pamplona. Se lidiaron seis toros de José Luis Osborne, siendo aplaudidos los lidiados en primer y sexto lugar, y premiado con la vuelta al ruedo el bravo quinto. José María Manzanares (petición de oreja y oreja), Luis Francisco Esplá (saludos desde el tercio y dos orejas y rabo) y Juan Antonio Ruiz "Espartaco" (oreja y oreja).