La multisecular Fiesta de los Toros es una tradición convertida en arte que forma parte de nuestro acervo cultural. Pero como todas las artes, el toreo no es algo inmóvil ni impenetrable a los avatares del tiempo, las costumbres y a su propia evolución. Una Fiesta ensimismada sería algo arcaico, anquilosado y anacrónico. El toreo nació cuando el primer hombre primitivo que se vio sorprendido por un “uro”, en un bosque o marisma de Hispania, descubrió que con la piel o el taparrabos con que ocultaba su desnudez podía sortear sus embestidas. El “uro”, antepasado del toro bravo, vivió en varios países europeos pero fue gracias al ingenio español, que le buscó sentido y utilidad a su bravura, que se le abrió el camino de la supervivencia.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1931
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El anacronismo en la Fiesta
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