El año 2005 era todavía época de vacas gordas en Madrid. Justo entonces, en el que ha sido antepenúltimo concurso de adjudicación de las Ventas, se redujo en seis fechas el abono de San Isidro. La reducción se justificó en su momento como una fórmula de protección del abonado. La reducción y la protección no son conceptos proporcionales ni simétricos, de modo que casar una cosa con otra era un imposible o un sinsentido. La adjudicación de la plaza se hizo, por lo demás, con criterios más o menos encubiertos de subasta. Es el espíritu de la ley de los concursos de bienes comunes y públicos.
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