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El arrebato retador de Roca Rey enloquece Alicante

La gracia de Morante, que incluye torería de la buena; la contundencia estoqueadora de Manzanares; y el arrojo desbocado de Roca Rey, arrebatado y espoleado en defensa de su liderazgo, resumen la tarde. Era el cartel del clavel dicho con los mayores respetos, el que todos querían ver. Los toros fueron de Álvaro Núñez, bonitos, se los pueden imaginar, seis dijes, que sin ser el desideratum torerista no crearon contenciosos insalvables a los espadas. Morante, Manzanares y Roca Rey eran la terna global en la terreta, especie de apuesta total del empresario Lloret en la apertura de los festejos mayores de hogueras. El no va más. El toreo en plenitud al pie del Benacantil. No defraudaron salvo que usted se ponga con el chip de otras latitudes y no interprete la personalidad de la plaza. Expectación correspondida, basta con ver la foto finix.

Les sitúo. Llenas las calles, llenos los bares, también los restaurantes, atascos en los accesos y ni que decir en la plaza y atiborrado el callejón. Y como lectura evidente, el toreo como dinamizador de la economía urbana. ¿Quién dijo crisis?...  para que larguen quejas de proteccionismo los de la acera de enfrente.

Si nos centramos en los números, la tarde fue de Roca, tres orejas. Si quieren que pongamos sobre la mesa las cartas del arrojo, la responsabilidad de líder, las cuestiones de conexión, el toreo como apasionada entrega, la tarde también fue de Roca. Engallado, retador, con uno y con otro, generoso en los quites, contra el viento que aliviaba a los espectadores y descentraba a los lidiadores, con dominio total de la escena y contundente con la espada. La forma de estoquear a los dos le califican, en corto, los ojos bien abiertos, la mirada en el morrillo, la muleta al hocico y un huracán imparable en el taque. Dirán que así cualquiera, pues en este caso no fue cualquiera, fue Roca. Que vengan y se lo mejoren.

"Manzanares, que salió a hombros con Roca, resistió en su tierra la tarde de lleno total"

Si nos vamos a la cuestión de la belleza y los contrastes, la balanza cayó del lado de Morante, que no se anduvo con contemplaciones en el manso que abrió plaza y montó la espada de primeras a cambio de una bronca de los que no valoran la oportuna brevedad. Cagancho total. A cambio del disgusto general, a su segundo le aplicó suavidad y torería, lo justo para que el torillo le regalase unas embestidas discontinuas, dulces y lo que se dice ahora enclasadas. Ante semejante coyuntura y tras una apertura la mar de torera llegado el momento le apretó las tuercas en una excelente tanda al natural para sacarle lo que no parecía tener el toro y partir de ahí la faena se compuso de sabrosos pellizcos, uno de la firma, una trincherilla, un alado natural, robos que clamaban oles, quizás habría que decir magia, atalonado, la cintura rota, el desplante oportuno, improvisación en el ruedo y locura en los tendidos antes de matarlo de una buena estocada. Expectación correspondida.

Un párrafo aparte para contarles que de salida a ese mismo toro le recetó con el capote una serie de faroles de pie que cabía interpretarse como el saludo del perdón por la anterior inhibición y allí mismo sin solución de continuidad le improvisó un mazo de verónicas arrebatadas, abelmontadas que fueron acogidas con justo alborozo. Como si de pronto, otra vez la magia, la gracia se convirtiese arte de lo más sólido.

Josemari Manzanares defendió con su espada el territorio propio. Familia obliga. Hay amores que deben ser correspondidos sí o sí y esa máxima nunca este Manzanares nunca lo olvida. Y es lo que hizo. Su primera actuación se diría que fue de capicúa. Elegante y pausado en el saludo a la verónica a pies juntos y soberbia la estocada. De por medio una faena que no acabó de levantar vuelto, más tenso que templado, molestado por el viento y mucho me temo que tensionado por las urgencias de la temporada. Tampoco pudo ir a mucho más en su segundo al que volvió a estoquear con su estilo y contundencia. Oreja y oreja, fue el premio que le permitió acompañar a Roca en la salida por la puerta grande, transito que en Alicante tiene personalidad propia.

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José Luis Benlloch

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