Me pregunto cómo lo hace. Cutiño. Y su socio Domínguez. Para cerrar lo que cierran, para aupar lo que aúpan. Recuerdo que hace mucho Olivenza tenía era una superficie llamada plaza de toros que tenía pasto gallego: llegaban las hierbas hasta el pecho. Y Olivenza ahora es peregrinación de aficionados de un lado y otro de la frontera. Tiene hasta restaurantes de cocina de esa de experimentación. Hay más lugares que han revivido de la mano de ellos, pero sin perder sus raíces, pues por esos pueblos extremeños tienen sus asuntos, sus vacas, sus novilladas, sus corridas. Almendralejo era lo que era y es lo que es. Y Badajoz.
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