La salida de la empresa Pagés de la gestión de la Real Maestranza de Sevilla, por inesperada, al menos para quienes ponían por delante la experiencia de casi cien años al frente de tan singular coso, además de producir sorpresa, hay que convenir que, de alguna manera, también ha venido a modificar la correlación de fuerzas en el tablero empresarial y, muy a tener en cuenta, también en el campo del apoderamiento. Llegados a este punto habría que preguntarse si semejante cambio es para bien. Realmente de los cambios, cuando se afrontan con mesura, ilusión y profesionalidad, surgen ideas que corrigen vicios, potencian los valores intrínsecos, y la tauromaquia los tiene por doquier, al tiempo que proyectan renovados argumentos. Eso es lo que se espera de un cambio de la trascendencia del que nos ocupa. Si así fuere, sería para bien.
Abundando en los cambios, este mes de noviembre que acabamos de apuntillar, quitándole la razón al genio que fue Joselito El Gallo, cuando sentenció aquello de que “noviembre no tiene un pase”, refiriéndose, claro está a la falta de actividad en su época, ha sido pródigo en movimientos de calado, y es que los tiempos cambian. Al ya comentado, la otra noticia de impacto que también ha producido sorpresa, ha sido el hecho de que Enrique Ponce, que hasta hace nada todavía lucía palmito vestido de luces, se haya convertido en quien dirija la carrera de la revelación que fue la temporada pasada David de Miranda, y hay que recordar que el espada de Huelva estaba bajo el radar de la empresa Pagés hasta que saltó la noticia que abre esta columna.
A estos movimientos hay que sumar, por el calado que tiene, que Roca Rey haya elegido ser dirigido por la asolerada Casa Lozano, concretamente por Luisma. Decisión que viene a potenciar la figura del apoderado frente al empresariado. Por su parte, que Daniel Luque, una de las figuras mas en sazón, haya recalado en la potente casa Ballieres a través de Antonio Berrera, hace pensar que la tensión/rivalidad en las alturas subirá de tono. Y si a todo ello se le suma que ya no está -¿se le espera?- Morante de la Puebla, hay que convenir que los cambios no esperados pueden/deben abrir las puertas de las grandes tardes a los jóvenes que están pidiendo a gritos conectar con el gran público. ¿Quién dijo crisis?

