Los meses de agosto y septiembre han sido siempre el cedazo del toreo. Sesenta días realmente crueles que, o se resistían chano, chano con el ritmo adecuado para llegar a la meta, o era mejor sentarse en la cuneta a esperar el coche escoba...
Los meses de agosto y septiembre han sido siempre el cedazo del toreo. Sesenta días realmente crueles que, o se resistían chano, chano con el ritmo adecuado para llegar a la meta, o era mejor sentarse en la cuneta a esperar el coche escoba. Se llegaban a torear más corridas que días sumaban ambos meses. Y ese meneo, ese cedazo sólo lo pasaban los que de verdad tenían fuelle para ser figuras cumbre del toreo. Ponce solía responder cuando se le decía que fulanito o menganito venían apretando: “déjalos, que en agosto y septiembre les espero”. Y vaya si les esperaba, pues generalmente les pasaba a golpe de pedal, mientras los otros quedaban inmovilizados con los músculos entumecidos.
Ahora, ¡maldita crisis!, se torea menos pero a veces hay que cruzar dos veces la península de norte a sur y de este a oeste para torear tres corridas de toros. Y eso son muchos quilómetros, incomodidades y baqueteo para el cuerpo que luego, enfundado en el chispeante, se tiene que poner bonito delante del funo. O sea, que agosto y septiembre son siempre el cedazo. Un cedazo duro y difícil en el que el granzón se queda y sólo pasa el buen grano. Y este año ya se está viendo que en eso la temporada poco ha cambiado. Ponce está sembrando de faenas de lujo la geografía franco-española. Hablan de Pontevedra que no acaban y la de El Puerto de Santa María la vimos todos los aficionados por el Plus y no se puede estar más importante y torero ante un toro más inservible. Lo suyo fue una cumbre.
Iván Fandiño está intratable y aprovecha cualquier hueco para seguir navegando hacia arriba, y este ferragosto se está viendo muy claro que no se conforma con menos. El Juli ha soltado lastre y vuela alto como las águilas, sobre las tempestades con que comenzó su temporada. Triunfo tras triunfo hasta la escandalera de Huelva donde a dos toros de Daniel Ruiz les montó la marimorena. Algo pondrían los toros pero es mucho Juli el Juli cuando quiere. Y quiere casi siempre. Perera puso la directa en Madrid y ahí sigue confirmándose como el auténtico mandón de la temporada. Manzanares que da su toque de atención a la mínima ocasión. Morante, impasible el ademán. Álamo también le da a los pedales en el pelotón de cabeza. Abellán que quiere pueda o no pueda. Rafaelillo que hasta las cluecas le ponen. Román que viene pegando bocados como un Luis Suárez de luces. En fin, que el cedazo sigue funcionando. Estamos en Agosto.
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