Fue seguramente Javier Villán quien patrocinó hace tres o cuatro años la teoría de los toreros con literatura y la de los toreros sin ella. Como si fueran castas diferentes. Sin literatura, costaría imaginar la proporción o las dimensiones de Juan Belmonte y Manolete, que fueron los dos grandes toreros modernos. No los dos únicos ni siquiera los dos primeros. Los dos más determinantes entre los que Pepe Alameda catalogó de “constructores” del toreo moderno y por tanto los dos que fijaron el canon clásico. Un canon vigente.
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