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El desafuero de los "isidros"

Intransigente, gritón y levantisco, el público de Madrid ha sido totalmente injusto con los tres toreros actuantes. En ningún momento ha sido capaz de juzgarlos en función de los toros que tenían delante. Y eso es la negación de lo que significa ser buen aficionado. Un sector del público de Las Ventas, importante por numeroso, se ha empeñado esta tarde del Santo Patrón de Madrid en ser “la otra fiera”, y a fe que lo ha conseguido. Intransigente, gritón y levantisco, ha sido totalmente injusto con los tres toreros actuantes. En ningún momento ha sido capaz de juzgar a los toreros en función de los toros que tenían delante. Y eso es la negación de lo que significa ser buen aficionado. Ese público ha optado por convertirse en turba. Madrid es muy difícil y en San Isidro más, y no sólo por el vagón de mercancías con cuernos que exige esa masa desaforada, sino por su incapacidad para discernir lo que es bueno y lo que es malo, taurinamente hablando.

La corrida de Montalvo ha estado toda fuera de tipo. Grandones y excesivos de romana, en cuanto a bravura y casta también han dejado mucho que desear. Los dos más posibles, dentro de lo imposible, han sido el tercero y el cuarto, pero también sin dar argumentos con su comportamiento para que López Simón y Curro Díaz se expresaran en toda su dimensión. Y eso es así, aunque algunos quieran retorcer el argumento en su afán de culpabilizar a los tres matadores de la fallida tarde.

Así y todo, será muy difícil que a lo largo del serial isidril se mejoren los naturales de Curro Díaz a su segunda camioneta encornada, y las verónicas y el comienzo de faena de muleta a su primero, hasta que el toro se agrió. Y todo eso lo han pagado los “isidros” con una bronca incomprensible. A Paco Ureña le ha podido costar la atrabiliaria actitud del grupo vociferante un serio disgusto, pues tanto grito sin sentido le hace perder el oremus al más pintado. No obstante, ha continuado con su colocación de compromiso y verdad toda la tarde. Lo de López Simón clama al cielo. Tal parece que los mismos que le abrieron la Puerta Grande de Las Ventas cuatro tardes, y lo aclamaron con embeleso, ahora hubieran decidido derribarlo, con su injustificada furia, del pedestal en el que lo encumbraron. Porque no es que haya tenido su mejor tarde, pero no ha sido para tanto.

En fin, ¡vaya tarde la de hoy en Las Ventas! De verdad, de verdad lo digo: si yo fuera torero, en Madrid iba a torear San Isidro.

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El desafuero de los "isidros"

Paco Mora

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