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El día antes de las escuelas

Es prehistoria. Al menos lo parece. Era la época de los capas, maletas, aficionados o maletillas que de todas las maneras se les conocía. El tiempo inmediato anterior a la llegada masiva de las escuelas taurinas. Se trataba del camino más recurrente y desde luego el más libre para ser torero. Bastaba con tener la voluntad -y el valor, no conviene olvidar el detalle- para dejar la protección de la familia y coger carretera y manta.

Ahora el acceso a la profesión es más académico, más defendible, más políticamente correcto -no he dicho más fácil aunque seguramente sí lo sea- y desde luego es menos romántico, le han quitado novela y sufrimiento y también matices, lo han uniformado y eso repercute directamente en el perfil artístico de los nuevos toreros: se parecen demasiado y hasta saben demasiado. No se trata de desdeñar a las escuelas que en la actualidad se antojan imprescindibles al margen de que unas funcionen mejor que otras, sólo se trata de recordar que hubo otra manera de aspirar a la gloria o de rebelarse contra la vida que son ideas muy parejas.

- No se trata de desdeñar a las escuelas que en la actualidad se antojan imprescindibles, sólo se trata de recordar que hubo otra manera de aspirar a la gloria o de rebelarse contra la vida, que son ideas muy parejas

- Algún privilegiado contaba con un seiscientos, lo que obligaba a añadir al hatillo una gomita que permitía repostar a cuenta de los coches ajenos y la teoría de los vasos comunicantes. Un golpecito en el tapón de otro buga, el amparo de la noche o el disimulo de los amigos haciendo corro… No era un método muy honorable pero siempre cabía pensar aquello de Cuando sea figura ya le invitaré…

- Se hacía sin muchas reglas, escasa urbanidad y mucha libertad… y eso cautivaba tanto que algunos cuando el triunfo ya era una quimera inalcanzable se resistían a abandonar aquel submundo de héroes y villanos

- En las sierras de Teruel y Cuenca, el mismo territorio que ocuparon los maquis, los últimos capas al estilo clásico que he conocido fueron Curro Cano, ahora capitalista profesional en las ferias de lujo y entonces todo un artista, El Tumbao, que tuvo su momento y su personalidad, Agustín, El Zorro, El Melenas que le pegaba un molinete a un pilón…

- Con las escuelas llegaron las facilidades y la enseñanza única pero apareció una nueva dificultad que añadir a las muchas dificultades que tiene el toreo, conseguir que aflore la personalidad de cada cual, evitar los toreros de troquel, dar con el quid de la ingenuidad, no parecer sabio...

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El día antes de las escuelas

José Luis Benlloch

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