En Zaragoza recordarán ese séptimo toro que jamás habían visto. Esas tauromaquias sin vestidos de luces y sin sangre, muy apegadas a las raíces del pueblo, que sorprendieron por su visualidad, pericia y arrojo. Ese séptimo toro fue toro fuera del Reglamento. Permitido por ser una fecha conmemorativa, una excepción. Una novedad. Novedad significa no visto. Ver a un toro de trapío salir entero por chiqueros y que alguien que no se parece a Superman le haga el salto de la garrocha o la silla, parecía un acto del Circo del Sol. Algo que el espectador de una corrida a la usanza, jamás ve. Y la mayoría se lo pasó en grande.
Lea AQUÍ el artículo completo en su Revista APLAUSOS Nº 1933
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