El Cid es un torero de gestas y de gestos. Y de los unos salen las otras. Nunca escurrió el bulto de Madrid, Bilbao y Sevilla, ni les hizo ascos a las duras plazas del norte. Ni tuvo inconveniente en medirse con ningún torero ni con las ganaderías más duras y difíciles...
Es más, con esos toros es cuando da su auténtica medida y con ellos es capaz de salir de situaciones delicadas. Él sabe que nació para luchar, y que en la profesión de lidiar toros bravos nadie le regalará nada. Por eso remontó a sangre y fuego la pasada temporada, y quiere comenzar esta cargando al son del cañón como la caballería del mariscal Moltke. Como lo que es; un valiente a carta cabal. Y con vergüenza torera para dar y vender. Manuel, El Cid, sabe que este curso se presenta erizado de problemas y ha dado el paso adelante apuntándose a las dos de Victorino y Miura, en Valencia y en Nimes. ¡Vaya cóctel! Nada de “este es mi dinero y estos son mis toros”. Primero a justificarse cada día como si fuera el único, y después ya vendrá todo lo demás. Su gesto de hombre exige respeto, porque sólo con decisiones como la de El Cid puede hacerle frente la Fiesta a la telaraña que trata de envolverla. La temporada puede ser muy dura. Niños y toreritos de pitiminí abstenerse y los demás a agarrarse que vienen curvas…
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El gesto de El Cid
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