No existe el mal gusto. Ni el buen gusto. Puede que lo de malo o bueno encaje en asuntos como un par de zapatos o una camisa. Pero en arte y en lo que le rodea, no existe mal o buen gusto. En el arte y en sus alrededores, el gusto se tiene o no se tiene. Yo creo que al toro de hoy y el de hace unos años lo que le pasa es que el ganadero no tiene gusto. Es más, creo que ser ganadero es, ante todo, una cuestión de gusto.
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