La semana se cerraba con una mala noticia. Castella caía en Medellín, maldita sea, cuando más se necesita de la aportación de todos, ya saben, todos somos pocos, para sacar adelante ese carro atascado y vituperado por tanto oportunista de aguas revueltas, tanto abandono administrativo y tantos intereses cruzados. El percance abre una fundada duda sobre su participación en las primeras ferias españolas -mínimo de seis semanas señalan los primeros pronósticos según recoge la web oficial del propio torero- y añado yo que salvo que ese plus de ambición y juventud que acompaña a los toreros y hace milagros descerraje una vez más los plazos médicos que no sería extraño. Aun a pesar de ese argumento no estaría en Vistalegre y esperemos que sí, que un golpe de suerte que no ha tenido en Medellín le permitiese estar en las plazas valencianas que son sus plazas.
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