La Revolera

El Juli y su magisterio

Paco Mora
viernes 18 de marzo de 2016

Julián López “El Juli”, todo un don Julián del toreo, lo ha dejado bien claro. Aquí el que quiera peces se tiene que mojar el antifonario, porque competir con los grandes es bueno, pero eso tiene un trámite: Que hay que dejarse la piel en la gatera si se quiere pasar el Rubicón que separa la nada del todo.

El planteamiento de la temporada, echándole los neófitos a los leones que están mandando en la Fiesta, no podía ser un “llegar y besarla durmiendo” como el príncipe a Blancanieves. Y hoy Julián López “El Juli”, todo un don Julián del toreo, lo ha dejado bien claro. Aquí el que quiera peces se tiene que mojar el antifonario, porque competir con los grandes es bueno, pero eso tiene un trámite: Que hay que dejarse la piel en la gatera si se quiere pasar el Rubicón que separa la nada del todo.

De todos modos, las plazas están rugiendo con la competencia que se echaba de menos dada la repetición de carteles con las figuras consagradas que andaban, no cómodas, porque delante de un toro el que se sienta cómodo es que está como unas cabra, pero conociendo demasiado los talentos y los puntos flacos unos de otros. De tanto torear los mismos cada tarde, en vez de competidores parecían “cuates” que se encontraban amigablemente en el trabajo un día sí y otro también. Por eso el planteamiento actual ha sido un acierto empresarial que el público agradece.

López Simón sigue siendo el mismo torero de impacto que llega con facilidad a los tendidos, pero ante el magisterio de El Juli no ha brillado con la fuerza con que irrumpió el año pasado. Y no es que no haya rayado a gran altura, que sí, lo que ocurre es que uno lo ha visto como saliéndose un poco de su auténtico estilo. No ha sido el “samurai” capaz de cargar la suerte con los riñones sin perder la verticalidad y aplicando la ley del mínimo espacio para el desarrollo de su toreo, como en otras ocasiones. No obstante, con lo que se le ha visto hay para hacer una figura del toreo.

Y es que El Juli ha dado una lección de soberano magisterio en tres toros muy distintos. En uno de ellos, que pedía el carné de identidad y parecía estar decidido a quitarle el dinero de la temporada ha explicado todo un curso de buena lidia y dominio de la asignatura, y con el mejor de la tarde, su despaciosidad, temple y facundia torera ha sido algo fuera de serie, demostrando que hay toreros para un toro pero para todos los toros sólo hay hoy un torero: Julián López “El Juli”. Y como además la raza le sale a raudales por todos los poros de su cuerpo, en el fondo y en la forma –orejas aparte- se ha llevado la tarde. Bastante ha hecho el de Barajas con aguantarle de pie sin que se le arrugara el ombligo. Cuando el bedel pronunció su “señor profesor, la hora” todos sabíamos que se refería al de Velilla de San Antonio. De todos modos, tarde de lujo y espectáculo grande...

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