Pasaron las Fallas, pasó la Magdalena, y entre todas las cosas que sucedieron durante los festejos populares un nombre se ensalza por encima del resto, Sergio Delgado. Don Sergio Delgado, si me lo permiten. Madrileño, natural de Chinchón, graduado...
Pasaron las Fallas, pasó la Magdalena, y entre todas las cosas que sucedieron durante los festejos populares un nombre se ensalza por encima del resto, Sergio Delgado. Don Sergio Delgado, si me lo permiten. Madrileño, natural de Chinchón, graduado con matrícula de honor en la difícil asignatura del “arte del recorte” y desde estas pasadas fiestas, máster en “estudio del comportamiento del toro en la plaza”.
Todo un placer verlo actuar, tanto en Castellón como en Valencia, con una tranquilidad pasmosa, una colocación de maestro, una inteligencia digna del mejor de los lidiadores, una ambición descomunal y una valentía innata. No me sorprende, porque sus títulos lo avalan. Sería imposible en estas pequeñas líneas enumerar sus éxitos. Lo resumiré recordando que ha conquistado los principales títulos del mundo del recorte en estos últimos 18 años, en todas las plazas importantes (Madrid, Zaragoza, Valencia, Castellón, Arganda del Rey, Medina del Campo, etc...) y me gustaría que algún día saliese a la luz una lista completa de todos los trofeos ganados. Debe ser espectacular. Éste reciente doblete levantino lo consagra como el mejor recortador de la historia. Sí, ya sé que son palabras mayores, y que ha habido muchos y muy buenos, pero el nivel que ha dado este hombre durante todos estos años ha sido altísimo, y les ha plantado cara a todos los que le han salido al paso, a veces con una superioridad insultante, aguantando los arreones de varias generaciones. Ha ganado tantos y tantas veces que es un caso único. Y con el arma del recorte puro, que aún le da más mérito. Sin traicionarse. Tal vez la estética a cambio del ajuste milimétrico y más emoción si cabe. Pero eso también significa que ha sabido adaptarse a los tiempos. La base la mantiene, que es lo importante.
No se aburre, al contrario, lo ves andar por la plaza y lo ves feliz, haciendo lo que le gusta. Por supuesto, que todo esto solo se mantiene con una afición descomunal. El salir a ganar repercute en pasarte los pitones muy cerca, y eso lleva riesgo. Sale a la plaza a disfrutar, la competición está, pero lo principal es retar al morlaco y sentirlo cerca. Ése es su mayor fin, todo lo demás es secundario, y puede que sea la razón de su éxito. Va con su personalidad, con ese orgullo que define tanto a sus paisanos que le empujan a ser el mejor, pero divirtiéndose con ello. Estoy seguro, que si no se lo pasara bien en la plaza se lo dejaría.
Un histórico en esto del recorte, una figura, un maestro de maestros. D. Sergio Delgado, de Chinchón, simplemente el mejor.
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