La cornada a Manuel Escribano el pasado 13 de abril del año 2024 ha traído consigo un momento clave para la ciencia. Por primera vez se han registrado los datos cardíacos tras una herida por asta de toro. Y no sólo eso, también se han registrado los datos del corazón de un torero al salir de la enfermería recién operado, con los puntos aún frescos, a lidiar el segundo toro de su lote.
La información recogida por Luis Teba y su equipo ha supuesto una segunda sorpresa. Después de lo inesperado en la frecuencia cardíaca en el momento de la cornada, también ha llamado la atención lo sucedido al salir a lidiar el segundo toro de su lote: "El corazón de Manuel tardó en volver a alcanzar la frecuencia habitual para el momento que afrontaba, lo nos sugiere que seguía recuperándose".
El análisis de la frecuencia del torero de Gerena confirma que incluso transcurrida más de una hora tras el percance, sus latidos por minuto no se habían restablecido. En otras palabras, el diestro seguía atravesando un cuadro vagal cuando se dispuso a salir a lidiar al segundo toro de su lote: "Su frecuencia en el primer tercio, comparado con datos de otras muchas tardes, se sitúa siempre por encima de las 180. En este caso, en el primer tercio y tras salir de la enfermería, se sitúa en 140".
Esta gráfica representa la frecuencia cardíaca de Manuel Escribano desde su llegada a la Maestranza, el paseíllo y los instantes previos al inicio de la lidia.
Buscando una explicación para este cuadro, surgió una hipótesis referente a la medicación. En ella, se planteaba la posibilidad de que los medicamentos administrados en la enfermería hubiesen actuado como reductores de la misma. Sin embargo, en el propio artículo Teba y sus colaboradores lo desmienten: "Los fármacos administrados al torero (paracetamol, dexketoprofeno y solución salina) no afectaron la frecuencia cardíaca. Por lo tanto, es poco probable que el efecto farmacológico de los fármacos administrados durante la operación fuera la causa principal de la frecuencia cardíaca reducida". Una conclusión que vuelve a poner de manifiesto el gran esfuerzo del torero para volver a la cara del toro: "Su corazón y su cerebro se estaban recuperando aún del episodio vagal sufrido a consecuencia del percance y la cornada. Pongo un ejemplo, al inicio de la segunda lidia el corazón de Manuel Escribano estaba al 88 % de su capacidad habitual para esa situación".
Unos datos que contrastan con las impresiones del torero en la habitación del hotel, dónde afirmó al término de la corrida sentirse bien más allá de los dolores típicos de la cornada y la operación: "Fue curioso porque cuando hablamos con Manuel en el hotel, nos decía que se encontraba muy bien. Se notaba mermado físicamente pero, más por la cogida y la fisura en las costillas que por la propia cornada. Claro, la sorpresa llegó al ver los datos y cómo el corazón del torero no había estado al 100 %. Él pensaba que se encontraba bien, pero su cuerpo no lo estaba del todo".
Registro de los datos de la segunda faena de Manuel Escribano desde que va hacia la puerta de toriles hasta que acaba la lidia.
El estudio se centra también en otro aspecto independiente al anterior. Resalta la influencia de los factores mentales y emocionales sobre la frecuencia cardíaca. En el segundo toro de Manuel Escribano tras la cornada, las pulsaciones del torero son superiores cuando se dirige de nuevo a la puerta de toriles frente a las que experimenta cuando empieza a torear. En este aspecto, mientras avanzaba hacia los chiqueros y se abría la puerta, la frecuencia cardíaca se situaba entre las 158 y 159 pulsaciones por minuto, mientras que al dar comienzo la lidia bajaron hasta las 140: "Esto se conoce como ansiedad somática y también se experimenta en el deporte o otras situaciones de la vida cotidiana". Esto también confirma que, incluso sufriendo un episodio vasovagal, la influencia de factores externos provoca cambios en la frecuencia cardíaca; exactamente igual que sucede cuando no hay un síncope o un presíncope.
El análisis de todos estos datos en conjunto, representan un importante descubrimiento. El cuadro vagal en el que permanecía el cuerpo del torero, aporta un paso adelante en el diagnóstico y tratamiento de este tipo de percances: "He hablado con muchos médicos, explicándoles los datos y la situación y todos se han decantado por la hipótesis del cuadro vagal. También el doctor que le atendió en la enfermería, quien también lo ha pintado como un episodio vagal".
Análisis de la frecuencia cardíaca de Manuel Escribano desde instantes antes de dirigirse a porta gayola y hasta que recoge la espada.
Una importante aportación al mundo de la ciencia y la medicina, en relación al tratamiento de este tipo de heridas y accidentes. Un hallazgo importante para la tauromaquia, pero que puede llegar a trascenderla al poderse aplicar los resultados en otros ámbitos de la ciencia. Los resultados, que no pueden ser tomados de manera categórica al ser un único caso el estudiado y muchas las variables, sí que abre la puerta a nuevas líneas de investigación.
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