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El milagro que no se produjo

Lo de la semana torista de Madrid puede ser cuestión pasajera, mañana embiste una, y no duden que sucederá, y todos nos volveremos a ilusionar. Los aficionados somos así, algunos al menos, olvidamos pronto los desencantos y volvemos a creer.

Ha sido la semana negra de la feria o cárdena o colorada, pónganle el pelo que quieran, qué más da, el septenario en el que saltaron por los aires todas las ilusiones de una feria, más de un mes de toros, que marchaba triunfal. Ahora habrá que recuperarse porque cosas buenas hubo y muchas, tanto si miramos del lado de los toreros como si miramos del lado de los toros aunque ya se sabe que no se puede valorar la una sin la otra, que ambas se necesitan. El caso es que hubo muchas tardes, se decía/decíamos que más que nunca, en las que se desacreditó el refrán y hubo toros y toreros sin necesidad siquiera de que los unos fueran artistas excelsos o figuras de relumbrón o que los otros embistiesen de dulce que alguno sí embistió y otros queriéndose comer el mundo de puro bravo e incluso los hubo que resumían a los anteriores y otros que a base de generar problemas enaltecían a sus lidiadores. Eso era así hasta que llegó la semana del toro, que nadie se levante en armas que no voy a pedir que se suprima, que buena falta hacen argumentos como el del toro que despierten ilusiones, todos somos pocos como suelo repetir, sólo quería constatar una evidencia, que cuando más esperanzados estábamos con cerrar la feria en lo más alto, cuando llegábamos a puerto, treinta y un días de travesía, montados en la ola más buscada, la de la bravura y también la más deseada por escasa, llegó la dichosa semana y se derrumbó el estado del bienestar en Las Ventas. No hay dicha que cien años dure. Esperemos que las desdichas que nos acechan sufran igualmente de esos interruptus.

Ha dolido mucho. Aunque nadie debiera hacer astillas de nadie. Ni apuntarse a los radicalismos ahora que tanto se llevan y tanto se temen. Ese sí es un marrajo descastado que nos puede llevar por delante en cuanto le perdamos la cara. Lo de la semana torista puede ser cuestión pasajera, mañana embiste una, y no duden que sucederá, y todos nos volveremos a ilusionar. Los aficionados somos así, algunos al menos, olvidamos pronto los desencantos y volvemos a creer. Es una terapia necesaria para seguir acudiendo a la plaza. Además eso pasa en las mejores ganaderías. En esta feria se ha visto aunque no pueda servir de consuelo. No se escapan ni los de la acera de enfrente, entiéndase en el mejor de los sentidos, de la acera diría de Wall Street para ser más claros, donde los ganaderos tienen que estirar las camadas hasta lo inverosímil para atender tanta demanda. Lo hacen por cierto sin pensar en el mañana. Ahí está su pecado y su capital y por ahí asoma su penitencia, la de verse olvidados por los mismos que ahora les estimulan para reeditar el milagro del pan y los peces, Madrid dos tardes además de Valencia, Sevilla, Pamplona, Bilbao... esa prodigalidad nunca se dio en el toreo ni parece que lleve a buen puerto. Ejemplos sobre sus consecuencias los hay y no muy lejanos, tantos como de lo olvidadizos que son los demandantes que un día, pasado el orgasmo, si te ven no se acuerdan. ¡Y lo que cuesta remontar luego!

Y si bien el poco juego es un accidente, uno de esos misterios indescifrables incluso para los mejores ganaderos, todos sabemos lo que pasa, un mal día dicen que no embisten y no embisten así resucite Mora Figueroa o don Carlos Núñez o el Marqués de Saltillo y hay que entenderlo y disculparlo, lo que no tiene perdón ni explicación es la presentación de algunas de las corridas de la semana del toro en Madrid. Y menos en su caso que no pueden echarle la culpa a las figuras. No digo que los traigan más grandes o más chicos porque los hubo de todos los tamaños, hasta llegar al XXXL pasando por las tallas infantiles, tan chicas que con otro hierro no les hubiesen dejado pasar de la M30; quiero decir más en tipo, más parejas, más en lo que fueron esas ganaderías en sus tardes de gloria. Se traen así, tal cual, se saca nota por la mañana, se saca pecho, das que hablar ¡ese es un ganadero! y esperas a que a las siete de la tarde Dios quiera que la moneda de tu trabajo y tus desvelos caiga de cara, al fin y a la postre en el toreo la buena suerte siempre tuvo sitio de relevancia. Si cae como debe caer sigues sacando pecho como se ha hecho tantas y tantas veces con todos los motivos y merecimientos y, si no, se mira al frente, se consuela uno en su conciencia limpia y de nuevo para el campo. Pero no fue así, a la plaza salieron toros que no debieron salir, de los que no se puede presumir, de los que incitan a decir ¡si no podía embestir! Y así nos fue.

No hace falta que diga que en las líneas precedentes me refiero a las corridas de Ibán, Partido de Resina, Cuadri, Adolfo Martín, Victorino y Miura, que a la postre fue la mejor librada, solera de la ganadería brava, coprotagonistas de las más hermosas leyendas del toreo en esa misma plaza y en tantas otras y que hay un guiño a Victoriano del Río, tantas veces cantado y ésta justamente denostado. El caso es que esta vez le rompieron el ritmo triunfal a la feria, que analizadas a posteriori es evidente que no vinieron con el tipo de corridas que se debe ir a Madrid aunque si hubiesen embestido no nos hubiésemos fijado ni quejado, pero no embistieron. De haberlo hecho hubiese sido un milagro sobre otro milagro porque si ya es difícil que embista un toro en Madrid y que además tenga suerte, en esas condiciones aún lo es más, es tentar en exceso a la suerte.

Posdata.- Problemas añadidos es que el público, aun en las peores circunstancias, pide que se les haga toreo de naturales y derechazos y ni siquiera admite el aliño o la brevedad como recurso; o que cuando las torean las figuras, que sería una forma de reivindicar algunas ganaderías, no se lo agradecen, al contrario. Y de esa manera el futuro se pone muy negro, no tanto para las ganaderías de San Isidro sino para las que le siguen la estela y el estilo.

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El milagro que no se produjo

José Luis Benlloch

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José Luis Benlloch

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