En una fiesta convencional, las cosas suceden sin sobresaltos. Puede que estemos ahora viviendo la convencionalidad de la Fiesta. De Valencia y Sevilla apenas salió algo novedoso o que pudiera poner tormenta de interrogantes entre ese horizonte que lleva colgado el letrero: es previsible. Es más, Sevilla dio el alto a algunos toreros que iban lanzados y no sacó del ostracismo o del anonimato a recambio alguno. Por eso el toreo este año es un matrimonio muy convencional en donde las cosas están sucediendo sin sobresaltos. Ahora nos llega Madrid, en donde lo peor que nos puede suceder es que nos tratemos una vez más como una familia muy numerosa y hagamos de nuestra endogamia una plácida felicidad en donde se coloque, de aquí a junio, el cartel: es previsible.
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