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El palco, secuestrado, Roca, burlado, Valencia traicionada…

El palco, secuestrado; Roca, burlado; Valencia traicionada; el orden público en peligro… ese fue el desenlace de la corrida estrella de la feria. Ni p… idea, mejor ni pajolera idea de la autoridad (i)responsable, nula sensibilidad, mucho me temo que cero conocimientos porque no quiero creer en una perniciosa intencionalidad. Ese fue el desenlace de una corrida que, jodida pena, había transcurrido por la senda de una maldita discreción. Donde debía haber habido tensión y emotividad solo había surgido una correcta discreción que es concepto que va contra la esencia del buen toreo. No vale el voluntarismo, no basta con las buenas formas tal como se veía, como se sufría toro a toro hasta que surgió la faena de Roca Rey al sexto. Si el toreo es cosa de dos, de toro y torero en este caso el torero aportó el setenta, el ochenta por ciento y la plaza que se había llenado en más de tres cuartos se reencontró con la imprescindible emoción que prometía la tarde. En realidad, nada que le importase a la presidenta que se llamó a andana cuando el público, que uno pensaba soberano, pedía de manera clamorosa la segunda oreja. Ella sabía más, eso debe creer, y se armó la marimorena, la de todos los domingos, la de todas las ferias ante la pasividad de quien se considera autoridad superior cuyo cargo, señora, señor, debe ir más allá de lucir palmito en el callejón. El toreo está ninguneado en Valencia por mucho certamen, concurso o ayuda que se les ocurra organizar. En ningún deporte cabe creer que pusiesen de arbitro en la alta competición a un recién llegado porque se puede llegar a la burla a la que se llegó ayer. Y acabo la referencia a la presidenta, que tiempo habrá, que esto no acaba aquí, esto se puede hinchar, que se pirran por un palco y nadie sabe dónde tienen el límite. Esa es la raíz de la cuestión, el palco el seguidismo hasta el desbarre teniendo en cuenta que la señora es reincidente en la cuestión.

"Los juampedros volvieron a la senda del aburrimiento y la ñoñez y arrasaron todas las expectativas de lucimiento"

La de Roca Rey al sexto toro, el del escándalo, fue un dechado de amor propio y técnica, de buena administración de las condiciones del toro, de asumir responsabilidades, justo a las que obliga su condición de figura. Lo templó, le obligo, le llevó, ni fuerte ni flojo lo que cabía para no reventar el globo, se montó encima con los efectos especiales del final y lo despachó de un soberano volapié y la señora decidió que aquello valía una oreja, ni una más, como si el espadazo por sí solo no lo valiese ya, como si el público no tuviese razón en su petición, como si Valencia tuviese que ser lo que ella pretende, lo que les peta al grupito. Su redentorismo, el de sus compañeros no es muy distinto, no parece tener limite por mucho que no case con la personalidad de Valencia en donde por cierto nadie sabe explicarme, a los periodistas nos viene bien por cuestiones de cierre, porque esa misma autoridad ha decidido que en Feria de Julio no haya apenas descanso. Toda la vieja liturgia de la merienda se la han pasado por el arco del triunfo.

Hasta ese momento la tarde venía torcida, vacía de argumentos, así que habría que agradecerle el apasionado (espero que lo entiendan también como razonado) arranque de esta crónica. Verán, sin toro no hay paraíso, habría que decir sin bravura que toro vaya si hubo, eso es de siempre, y esta vez no fue una excepción, no lo hubo ni apenas capacidad torera para pasar por encima de tan dramática carencia. Los juampedros volvieron a Valencia por la senda del aburrimiento y la ñoñez y arrasaron con ello todas las expectativas de lucimiento. Bravos no, mansos tampoco, seriados sí, anodinos y vulgarones también, sin opciones, hasta que saltó el sexto, digamos que fue medio toro, y tuvo la fortuna, la tuvimos de encontrarse con el orgullo del peruano al que ya en el tercero de la tarde le había ninguneado una oreja dentro de los límites aceptables. Al final la postura solo fue el calentamiento para lo que vendría.

Y el recuerdo de Fabra

Hubo tres cuartos de plaza, lleno en el callejón que no es apartado que se refleje en la taquilla, pero denota la expectación del cartel y buen ambiente en la tarde que habíamos calificado como la de los generales. Roca contra el termómetro, ese era el reto y si tenemos en cuenta hasta donde se encabritó el termómetro hay que considerar que no hubo ni vencedores ni vencidos. Una brisita alivió por momentos a los espectadores, nada que impidiese que a Manzanares le diese un golpe de calor que le obligó a pasar por la enfermería.

A falta de contenidos en el ruedo tengo reseñada la presencia del director Pablo Salazar, ganado para la causa del toreo en uno de los palcos. Esta feria sin opción al lujo de una buena merienda que alivie una mala tarde como ocurre en cualquier plaza mediterránea que se precie. Alicante, Murcia, Almería… menos en Valencia, donde la autoridad se ha merendado al propio descanso de toda la vida, tendrán prisa, habrán quedado, eso es así salvo que lo pida la tele. Tengo reseñado a un monosabio charlando por teléfono mientras el piquero aún estaba en la plaza, acháquenlo la modernidad, cosas de la juventud. Tengo igualmente anotada la presencia de la hija del maestro Ricardo de Fabra, la quinta esencia del mejor valencianismo, el toreo más valiente que ha dado esta tierra que vivió y gozó enganchado al toro, a las tradiciones, als rocins de tiro, al almorsar, al puret, a la fira… en la memoria sitio especial para aquella tarde en la que clavó la senyera en el ruedo y se jugó la vida para dar respuesta al Cordobés. Y hablando de Fabra a uno le vienen recuerdos mil como los de su cuadrilla, la cuadrilla de todas las cuadrillas, que a sus órdenes impresionaron en las plazas de más relieve y acuñaron aquello de plata valenciana: Honrubia, Capilla, Guillem, Pepe Luis, Pepe Martí… todos en pie, música por favor.

Manzanares y Talavante 

Cuando apareció el bonito primero una capota gris parda de muchos grados y más humedad cubría la plaza. Soberbia actuación tanto de Trujillo en la brega como sus compañeros con los palitroques. La faena del maestro Manzanares no acabó de trascender, no escaló por los tendidos ni siquiera cuando en el tramo final se apretó con el toro sobre la derecha. En su disculpa el toro no daba para mucho más. En su segundo hubo demasiada corrección, demasiada discreción y nos quedamos a la espera de la resurrección, tal cual hizo una Feria de Julio su sabio padre en esta misma plaza.

Talavante se puso a torear en el segundo de la tarde de primeras, sin más preparativos, sin muchas apreturas eso es verdad, pero fácil y dispuesto. A ese le que cuajó una faena discreta premiada con oreja que vino a demostrar que mantiene la lealtad de sus fieles en Valencia. Si esa valía una oreja en opinión de la presidenta, las dos que pedían para Roca eran de cajón. Por faroles, puro recurso y mucho alivio, recibió a su segundo luego en la faena se aburrió el toro, nos aburrimos todos y el maestro cumplió voluntarista que no es una las virtudes por las que ha llegado donde ha llegado.

El jabonero tercero, que salió comiéndose al mundo, se estampó contra el maderamen de un burladero con tal fuerza que seguramente le restaría las ídem a lo largo de la faena. Unos estatuarios iniciales no le sentaron nada bien, no acertó Roca en ese arranque, se cree frecuentemente que por torear por alto no se quebranta al toro y es todo lo contrario. El juego fue tan anodino que ni Roca lo pudo remediar. Con el arrimón final y los juegos artificiales se dividieron las pasiones y la plaza se convirtió en un puristas contra roquistas. Tras un pinchazo le recetó un estoconazo hasta las cintas. Ante el panorama general Roca se puso serio con el sexto. Había que salvar la tarde, Roca al rescate. Y se arrimó como un león, encorajinado, toreó templado y se arrimó vibrante. La estocada final fue de libro y para comentar la respuesta de la autoridad remito al arranque de esta crónica. Una pena que plaza de tanta personalidad esté en manos de tanta ignorancia. Pena grande a cuenta de los salvaprestigios.

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José Luis Benlloch

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