Luego de El Ciclón, llega El Pirata. Para Olivenza tenemos ojo al parche de un hombre que hizo de su forma de ser una forma de torear. Una cuestión nada glamourosa pero apegada a la esencia del hombre, pues, de las pocas cosas ciertas que manejan los tópicos del toreo, se torea como se es, porque se habla como se es, se comunica como se es, se vive y hasta se muere como se es. Padilla ha ido dejando medio cuerpo y la mitad de su sangre por esas plazas de Dios y del diablo cumpliendo años como los cumplían los toreros de antaño, los de a hierro y asta: por cada uno cumplido celebraban tres. Representa esa forma histórica y humana de llevar el pan y el bienestar a su casa con el sudor de la frente.
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