El cartel de las Fallas de 2015 quedará en la historia como el año de la vuelta de El Soro a la capital vestido de luces. Esperemos el milagro -la vida de El Soro es un milagro continuo- y que la aventura sea el epílogo feliz a una biografía torera de lo más singular. No hay argumentación racional para creer que tenga que ser así, sólo se sostiene desde la fe y el recuerdo de la cantidad de veces que el de Foios escapó en bien de donde parecía imposible escapar. Que esté en los carteles y las consecuencias que pueda acarrear es responsabilidad exclusiva del propio torero y de su entorno más próximo. En justa compensación, si llega el éxito también será cosa suya.
Dios quiera que podamos celebrarlo, pero en su actuación no hay lógica, ni prudencia, ni sentido común pero en el toreo eso son ingredientes que no solo no cotizan sino que siempre dimos por necesario que fuese así. La duda puede estar en establecer el límite donde ya es imposible torear la prudencia. Desde aquí mis mejores deseos y mi ayuda a lo que es inevitable. De mi libro sobre El Soro en Mestres/Maestros, editado por Diputación de Valencia, he rescatado unos pasajes que ayudan a comprender la leyenda del sorismo. Leyéndolo se comprende el calado social de un torero que no fue el mejor pero sí el más querido. Por algo sería.
- Las formas toreras y personales de El Soro, aferrado a sus hábitos, a su gente y a su lengua, enganchaba perfectamente con el momento socio-político que protagonizaba Valencia. Se daban los primeros pasos en democracia, se luchaba apasionadamente por lograr el estatuto de autonomía y en ese ambiente cualquier movimiento popular como el sorismo le ganaba el corazón a las gentes
- No había nadie. Ni se atisbaban vocaciones. La Valencia taurina era absolutamente yerma o eso parecía. En ese ambiente de desesperanza llegó El Soro, que representó a partir de entonces la imagen del toreo en Valencia. Con él se identificaba una manera de entender la vida
- Generoso en el esfuerzo, de tragos largos e intensos, de mucho corazón y gruesos trazos artísticos, lo exuberante de sus formas creaba el ambiente necesario para las grandes apoteosis que tan propias nos son por estos lares. Sus tercios de banderillas, absolutamente novedosos, cosecha propia…
- Cuando más a gusto estaba el chiquillo, su padre decide probarlo a su manera: “Vicente, déjate coger”. Tras repetírselo varias veces y como Vicente parecía hacerse el remolón ante semejante propuesta, le añadió “Vicente déjate coger o me dejo coger yo”, y Vicente se dejó coger
- El toro no lo echó por encima de la tapia de pura casualidad pero sí le enseñó el encinar próximo en varias ocasiones. Lo mejor fue que cada vez que lo lanzaba al aire, todo seguido El Soro recogía la muleta y volvía a la cara del toro como si en ello le fuese la vida que sí le iba
- La salida a hombros el día de la alternativa es una salida auténtica, de las de antes, cargada de espontáneos. Los más allegados respiraron tranquilos. Luego vino la fiesta de Foios, la visita a la Virgen del Patrocinio, el colapso de las carreteras y la locura… El sorismo ya era una marea que se extendía más allá de la Huerta
Lea AQUÍ la entrevista completa en su Revista APLAUSOS Nº 1952
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