Fue muy emocionante escuchar a Adolfo Martín en la entrevista que hace una semana tuvimos en la radio. El ganadero, con voz cortada y doliente, cosido a cornadas, dos en los muslos y tres en el abdomen, un mes en la UCI, salvado in extremis gracias a los médicos y a la celeridad con la que llegó el helicóptero para sacarlo del corral de la finca donde yacía agarrándose a la vida. Fue un milagro y al tiempo una enorme tristeza, porque aquel cinqueño, cárdeno, cuajado, de pitones asaltillados, que valía para cualquier plaza de primera, pudo acabar con su dueño cuando, justamente, lo enviaban al matadero.
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El primer mandamiento
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